Hace poco menos de cuatro años, en una colaboración similar a ésta, me refería al sector de la televisión local en España. Y lo hacía agrupando mi reflexión bajo el título “La televisión de moda”. Hoy, el título de entonces mantiene su vigencia, pero por nuevas razones. Si entonces aludía a la llegada de grandes grupos mediáticos, al caos estructural y a la indefinición que sufría el sector, hoy, a pesar de que el caos organizativo aún se mantiene, las pruebas objetivas de que algo está cambiando resultan evidentes. Todo gira en torno al Plan Técnico Nacional de la Televisión Digital Local, cuyo desarrollo en las diferentes comunidades autónomas constituye un verdadero reto para el futuro de la televisión en general.
Emisoras muy dispares
Desde que se aprobó la Ley 41/1995, de 22 de diciembre, con la pretensión de regular el sector de la televisión local, la creación de emisoras ha ido creciendo paulatinamente y sin apenas límites, ya que tan sólo se ha mantenido el de no interferir la señal de las emisoras legales. El último estudio realizado por la Asociación para la Investigación de los Medios de Comunicación (AIMC) tiene una antigüedad de más de tres años y en el mismo se mencionan casi novecientas estaciones locales, es verdad que una gran parte de ellas de un carácter testimonial y con muy poca presencia de telespectadores. Y es que bajo esta denominación de local se siguen agrupando una caterva de emisoras con unos intereses y un funcionamiento muy dispar. Así podemos identificar emisoras con una estructura, una financiación y una programación absolutamente diferentes, ya sean de titularidad pública o privada, de contenido comercial o de servicio, generalistas o especializadas. Todo ello, sin olvidar las emisoras con un comportamiento fraudulento y que basan su “programación” en la recepción de llamadas telefónicas a través de las líneas del 803 y similares. Una fórmula que, dicho sea de paso, proporciona a sus promotores unos beneficios económicos millonarios.
Una nueva televisión local
Con el panorama descrito, la Administración ha encarado una reforma en el sector de la televisión local que en pocos años van a facilitar un cambio completo del mapa existente en la actualidad. Con la implantación del Plan Técnico Nacional de la Televisión Digital Local se incrementa el número de emisoras hasta alcanzar un total de 1.124 estaciones digitales, repartidas por las diferentes comunidades autónomas de España.
El cambio, pues, resulta de gran importancia, si valoramos que de las casi 900 emisoras locales analógicas que, supuestamente emiten en la actualidad, el porcentaje de las que van a obtener licencia con el nuevo Plan Digital va a ser muy escaso. Las pruebas para justificar esta afirmación resultan concluyentes; basta analizar el resultado de las concesiones en los concursos autonómicos que se han celebrado hasta ahora. Me refiero a lo ocurrido en las comunidades de Baleares y Madrid, donde la adjudicación de licencia ha recaído exclusivamente en grupos o personas afines a los postulados ideológicos y políticos del Gobierno de la comunidad respectiva. Con esta referencia, cabe pensar que en el futuro mapa audiovisual no estarán muchas de las televisiones de proximidad que vienen emitiendo desde hace más de doce años y que no se mueven en los alrededores del poder establecido. El ejemplo de la denuncia que hace mi compañero Agustín García Matilla en estas mismas páginas en el caso de Tele K, es suficientemente representativo y expresa muy a las claras este peligro.
Desde la perspectiva de la pluralidad informativa, el asunto resulta muy preocupante. Está muy bien que la normativa y la nueva reglamentación termine con la fauna de emisoras fraudulentas existentes de contenido casposo al que antes nos referíamos. Seguramente ese es uno de los objetivos del Plan Técnico Nacional de la Televisión Digital Local, pero es que, de continuar con la misma conducta que han mantenido los gobiernos de Baleares y Madrid, también se terminará con el resto de emisoras locales, algunas de ellas con un gran arraigo en su ámbito de emisión, como era el caso que mencionábamos. En estas circunstancias, es fácil estar de acuerdo con aquellos que manifiestan que la concesión de licencias de televisión se ha convertido en una moneda de cambio mediante la que se pagan favores, unas veces ya hechos y otras por hacer, que tiempo habrá en el futuro.
Si los respectivos concursos aún pendientes en el resto de comunidades autónomas consolidan esta tendencia de sólo otorgar licencias de televisión local a sus afines, lo primero que cabe preguntarse es si nos tendremos que modificar el propio término o el concepto de lo que significa televisión local. Es cierto que en las bases de cada uno de los concursos se habla y se detalla de manera explícita el compromiso y la obligación de atender a los contenidos más próximos a los ciudadanos del entorno de cada emisora. Pero si las concesiones futuras mantienen la misma tendencia y se producen los mismos “olvidos”, creo que hay razones para justificar este pesimismo.
Un negocio dudoso
Los buenos resultados económicos obtenidos por las televisiones generalistas españolas constituyen todo un referente y seguramente el principal acicate para gran parte de los candidatos a conseguir una nueva emisora. Ahora bien, otra cosa puede ser lo que ocurra en el futuro, cuando después del apagón analógico en 2010, el sector de la televisión se reordene. Entonces, la multiplicación de ofertas y los nuevos costes que supondrá la emisión en digital probablemente moderarán las ganancias millonarias de los últimos años y el negocio será más repartido y, por tanto, más moderado.
En este contexto de creciente competencia, de lucha por la audiencia y por la publicidad, hay que situar también el desarrollo de la nueva televisión digital local. La pregunta, entonces, parece obvia: ¿habrá mercado suficiente para la supervivencia económica de las 1.124 nuevas emisoras que se van a conceder, teniendo en cuenta, además, que su mantenimiento obligará a unos costes bastante cuantiosos? La respuesta puede ser variada. Habrá demarcaciones donde la supervivencia de las nuevas emisoras pueda estar asegurada, sobre todo las que están ubicadas en torno a grandes núcleos de población, aquellas que tienen posibilidad de gestionar recursos publicitarios en dura competencia con el resto de medios. Las dudas razonables surgen en las demarcaciones o provincias más despobladas y alejadas de grandes núcleos de población; en estos casos, la rentabilidad de las nuevas emisoras que se instalen parece mucho más cuestionable.
El coste económico es, quizá, el aspecto más importante de la reconversión digital de la televisión en su conjunto. De partida, la necesidad de que cada nueva emisora tenga que contar con un operador de múltiplex para que transporte su señal significa un gasto en torno al cinco por ciento de sus costes. A este gasto fijo hay que sumar la inversión añadida de su puesta en marcha y su mantenimiento posterior. Esta circunstancia habrán de tenerla muy en cuenta las empresas, particulares y los ayuntamientos que aspiren a tener alguno de los nuevos canales. Si esto es así, en algunas demarcaciones se puede dar el caso, incluso, de que no se produzcan peticiones suficientes y queden licencias sin cubrir.
La importancia de los
contenidos
No resulta exagerado afirmar que la mayoría de las televisiones locales existentes en la actualidad mantienen una programación muy por debajo de lo mínimamente exigible. Ante el nuevo escenario caben algunas preguntas: ¿cambiará esta tendencia con la profesionalización, se modificarán estos hábitos de emitir cualquier contenido…? ¿El nuevo modelo local facilitará una televisión más innovadora, capaz de apostar por nuevos formatos? Más aún: ¿se convertirán las más de mil nuevas televisiones locales previstas en un elemento dinamizador del mercado televisivo? ¿Serán capaces de influir en el desarrollo y en la programación de sus hermanas mayores, las televisiones profesionales? Se admiten apuestas.
Televisiones comunitarias
y de proximidad
De la legislación citada se podría deducir que las administraciones tienen definido el nuevo mapa y el carácter “profesional” que se le quiere otorgar a las nuevas emisoras locales digitales. Sin embargo, y aparte del desequilibrio que pueden causar las actuaciones partidistas de los gobiernos autónomos, en la letra impresa se advierte la carencia de otro tipo de proyectos televisivos que también se amparan bajo el manto de lo local. Me estoy refiriendo a las otras televisiones locales, a las más pequeñas aún, a las que no tienen unos objetivos comerciales y que constituyen la esencia de una comunicación local y de proximidad verdadera. Se trata de las televisiones comunitarias, promovidas por grupos o asociaciones y cuyo principal objetivo es favorecer la participación ciudadana y el desarrollo cultural del entorno en el que están ubicadas.
El Plan Técnico Nacional de la Televisión Digital Local no menciona el desarrollo de las emisoras de carácter comunitario. ¿Quiere esto decir que no van a existir este tipo de pequeños medios, sin ánimo de lucro y que constituyen toda una vanguardia de verdadera comunicación ciudadana? ¿Si no figuran en los planes actuales, hay posibilidades de que en un futuro inmediato, al amparo de nuevas legislaciones, puedan desarrollarse? La clave para la creación y el mantenimiento de estas emisoras comunitarias y de proximidad puede estar en la Ley Audiovisual. Y es que, una vez que quede normalizada la situación actual, una vez que el espectro radioeléctrico esté adjudicado y las licencias otorgadas, resulta fácil aventurar que habrá huecos en el espectro que pueden facilitar la implantación de este tipo de emisoras, de verdadero servicio público, y que, además, necesitan poca potencia para su difusión. Olvidarse de estos proyectos de comunicación local, de sus posibilidades formativas y de servicio a la comunidad, así como no facilitar su desarrollo constituiría un error injustificable que ningún gobierno se debe permitir.
*Luis Miguel Martínez es profesor titular de Información Audiovisual de la Universidad Complutense de Madrid. Este artículo fue publicado originalmente en la Revista PUEBLOS de Diciembre de 2005.

