Lo que el vecino mezquino piensa de las nucleares

El vecino mezquino es ese que se alegra de tener una casa más grande que la tuya o un coche más moderno (o de tener coche y de que tú no lo tengas, aunque sea porque hayas decidido que no quieres, que no te hace falta). Que presume de móvil o de cualquier artilugio con tripas electrónicas que se tercie, o que se sonríe si en su empresa “la gente de arriba” le ha dado una palmadita en la espalda o le ha subido cuatro duros el sueldo si a ti te han despedido. No deja que se le noten mucho estas alegrías, pero a veces no puede remediarlo… y te das cuenta. De este tipo de vecina o vecino es fácil saber quién se aprovecha, aunque él ni se lo imagine y piense que es libre, que tiene una gran personalidad y que, por supuesto, es mucho más listo que tú (infeliz, que eres un infeliz).

De Fukushima siguen llegando noticias. No todos los días y tampoco ocupando portadas, como al principio, pero siguen llegando. Han pasado más de tres meses desde el terremoto, el tsunami y las primeras alertas en la central nuclear, y para nada la información que recibimos es más tranquilizadora [1]. De hecho, es posible que sea precisamente por eso, porque revela que no se ha cerrado el problema, que no se puede ni pensar en pasar página, por lo que no se le da una cabida mayor en determinados medios. Para no “alarmar innecesariamente”, nos imaginamos que argumente el lobby pronuclear, donde el entrecomillado hay que entenderlo como “para que no siga aumentando el número de personas en contra, que nos quedamos sin negocio” [2]. Si las manifestaciones en Alemania fueron claras, mucho más lo fue el referéndum de junio en Italia: del total de la población que votó (un 57 por ciento), el 95 apostó por un futuro sin nucleares. (¿Podríamos interpretar “por un futuro”, a secas, o nos acusarían de panfletarios?)

La ignorancia y la mezquindad se encuentran en algún punto indefinido. A las y los expertos que mienten sobre los peligros, las posibilidades de negocio y los costes reales de la energía nuclear habría que aplicarles otras palabras, como corrupción, inmoralidad o maldad. Porque no es mezquino intentar convencer a la población de localidades pequeñas, con altas tasas de paro, de que la construcción de un Almacén Temporal Centralizado (ATC) les traerá trabajo y prosperidad: es una mentira que encierra soberbia y desprecio por las personas y por el medio ambiente. O que nos digan que las nucleares reducirían nuestra dependencia del exterior (claro, es que contamos con abundante uranio y su explotación es totalmente inocua); o que la nuclear es una energía “barata” y la solución al cambio climático. También, puesto que hablamos de gente que supuestamente sabe mucho de ciencias, es perverso, y no estúpido, que intenten colarnos que se puede construir “un almacén definitivo” para residuos nucleares [3].

Quizás el punto exacto en el que se crucen en el tema de las nucleares la ignorancia y la mezquindad sea ese en el que nuestros vecinos no expertos cierran los ojos ante el envío de residuos a las zonas más pobres del planeta. ¿Piensan de verdad que el aire respeta fronteras? Porque si es que de verdad consideran que tienen más derecho que la gente de otros países a vivir, nos saltamos ya de nuevo de la mezquindad a la inmoralidad… y prefiero pensar que es cosa más cercana a la ignorancia lo que les afecta.

Aunque cueste y desespere, quizás podramos convencer a nuestros vecinos mezquinos de que hay otras alternativas a la nuclear y de que no la  necesitamos. Pero, como al poder no se le puede convencer sino vencer, habrá que ver qué herramientas tenemos para que a tantas y tantos mentirosos interesados se les caiga (al menos) la cara de vergüenza y se retiren.


Andrea Gago Menor forma parte del Consejo de Redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Este artículo ha sido publicado en el [nº 47 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2011.


NOTAS:

  1. “Japón se prepara para las secuelas de Fukushima en la población. El Gobierno controlará la radiactividad de dos millones de personas durante tres décadas. Tres meses después de la catástrofe, la central sigue fuera de control”, El País, 25/06/2011.
  2. “El 70% de la población considera que las nucleares son peligrosas y el 60% se declara antinuclear”, 10/06/2011. Ver: www.greenpeace.org.
  3. “Lo que sí da miedo”, Ecologista, n. 69, verano 2011: “Decía un titular de El País en 2009 que se está construyendo en Finlandia el primer almacén definitivo para residuos nucleares”.
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