Al inicio de la década de los ochenta se abrió un período de reconversiones industriales en respuesta a la crisis económica de los setenta. Algunas personas dicen que tardó en llegar, pero lo cierto es que hoy alguna de aquellas empresas continúan en la cuerda floja y otras cayeron justo antes de esta última crisis, que reventó en 2008 y en la que mucha gente sigue atrapada. Más de 81.000 empleos directos del sector industrial (algunas fuentes multiplican por cuatro la incidencia total con el empleo indirecto) se perdieron entre los ochenta y los inicios de los noventa del siglo pasado en el ámbito vasco. Se calcula que el coste económico de la reconversión hasta los primeros años de los noventa en el Estado español superó los 7.500 millones de euros. Aunque hubo mucho dinero y se dijo que se reindustrializaría, aquellas zonas asoladas hoy son las que más problemas padecen porque la herida no se cerró, sigue en carne viva.
Se bautizó “Reconversión”, pero lo cierto es que el cierre continuado de industrias desde 1980 en el Estado español, el abandono de naves y la creación de polígonos fantasmales, la deslocalización todavía creciente o la turistificación exagerada de algunas zonas no coincide con la definición propuesta por RAE: “Proceso técnico de modernización de industrias”.
A las elecciones legislativas nacionales de Brasil, marcadas para octubre, llegarán con fuerza candidatos y candidatas de fuera de los partidos políticos para intentar sacar votos a nombres históricos, que ocupan desde hace décadas cargos en la Cámara Federal y en los estados.
La montaña de Abu Ghnaim está en Belén, en Palestina. Los propietarios de este terreno, de unos 2.580 dunums (unas 258 hectáreas), son de Belén, de Beit Sahour y de los pueblos de Um Tuba y Sur Baher. Fue ocupado por Israel después de 1967 bajo el paraguas de la Línea Verde y los Esquemas de Planificación Urbana para restringir la construcción palestina en Jerusalén Este e impedir la expansión de las comunidades palestinas de alrededor. Israel construyó un asentamiento en Abu Ghnaim llamado “Har Homa”. Levantó más 6.500 viviendas y carreteras, escuelas, tiendas, hotel y zona industrial con el fin de acoger entre treinta y cuarenta mil colonas y colonos judíos.[1]
En la última década, Colombia ha vivido un crecimiento exponencial de los proyectos mineros auspiciado por las diferentes administraciones, que han tratado de convertir el sector en el revulsivo económico del país. El anterior ejecutivo suscribió tratados de libre comercio y desarrolló una legislación permisiva para la concesión de títulos mineros buscando, junto a la implementación de políticas que conllevaban exenciones tributarias a multinacionales y una mayor flexibilidad laboral, captar la inversión extranjera.
En los últimos años se ha producido un resurgimiento de la minería escenificado en grandes proyectos de extracción a cielo abierto y en un sinfín de solicitudes de investigación. Una ley que data de 1973 y una Unión Europea con millones de euros destinados al sector son el soporte de una realidad que cada vez tiene más contestación ciudadana.