La agroindustria azucarera ha realizado en los últimos doce años grandes donaciones a los partidos de derechas de El Salvador. En su intento de privatizar el agua, la derecha mantiene en la actualidad paralizada la legislación sobre este recurso, mientras las organizaciones sociales, con un apoyo quizás mayor del deseado de la cooperación internacional, continúan creando conciencia, movilizándose y haciendo frente a un creciente sentimiento de resignación.
L’ agroindústria sucrera ha realitzat en els últims dotze anys grans donacions als partits de dretes d'El Salvador. En el seu intent de privatitzar l'aigua, la dreta manté en l'actualitat paralitzada la legislació sobre aquest recurs, mentre les organitzacions socials, amb un suport potser major del desitjat de la cooperació internacional, continuen creant consciència, mobilitzant-se i fent front a un creixent sentiment de resignació.
Los grandes medios de comunicación disparan, cada día, una completa batería de medias verdades ymitos informativos que, por repetición, han conseguido grabar en la opinión pública internacional una imagen de Cuba sesgada y estereotipada. El único país de América Latina sin desnutrición infantil severa (según UNICEF) es un ejemplo de “fracaso económico”. De la nación que más invierte en educación del mundo (según datos de la UNESCO y el Banco Mundial) apenas conocemos su literatura o sus intelectuales, pero sí a iletrados convertidos en “disidentes políticos”. Acerca de una isla que ha conseguido (sin una ley de cuotas) la paridad entre hombres y mujeres en su Parlamento nacional, nos llega una imagen estereotipada y degradante de sus mujeres, creada por la misma prensa que en Europa (curiosamente) vive del lucrativo negocio de la publicidad de la explotación sexual.
No es ninguna novedad que cortar caña de azúcar es uno de los trabajos más duros que existen. Ya era así en tiempos de la colonización americana, cuando los barcos negreros trasladaban al trópico americano la mano de obra de las plantaciones. Siglos después, hay cosas que no han cambiado tanto: en la América Latina de hoy, “el latifundio multiplica los hambrientos pero no los panes”, como escribió Maza Zavala hace cuarenta años.