Núcleos urbanos que son ramas de reductos industriales donde la arquitectura y las personas se integran haciendo de las fábricas y chimeneas su entorno natural. La tecnología, los recursos naturales y humanos atraídos por las oportunidades económicas hacen que las vidas de mucha gente en busca de seguridad, e incluso de prosperidad, estén determinadas por el trabajo, las máquinas, el hierro, los salarios, el humo, los horarios, el ruido, la necesidad de respeto y la ilusión de progreso.
Cuando una está de viaje lejos de casa (y si lo que se pretende es viajar y no simplemente hacer turismo), en muchos momentos surge el debate entre dos estados. Puedes estar “in”, dentro del espacio y del tiempo que te rodea, o “out”; estás, pero fuera. En el primero sientes que conectas con la música, con las escenas que ves, con la comida y con la gente con la que interactúas. Se disfruta. Lo que experimentan tus sentidos no tiene por qué resultar directamente familiar pero, por lo que sea, entra con facilidad, lo vives, participas activamente de ello.
No es ninguna novedad que cortar caña de azúcar es uno de los trabajos más duros que existen. Ya era así en tiempos de la colonización americana, cuando los barcos negreros trasladaban al trópico americano la mano de obra de las plantaciones. Siglos después, hay cosas que no han cambiado tanto: en la América Latina de hoy, “el latifundio multiplica los hambrientos pero no los panes”, como escribió Maza Zavala hace cuarenta años.