La orientadora laboral del colegio en el que estudié Bachillerato me dijo en varias ocasiones que estudiar Periodismo no era una buena idea. Puede que pensara que no estaba capacitada para juntar palabras, pero quizá simplemente estaba pensando en mi futuro. Vivir del periodismo es (casi) una utopía. Puedes estar meses trabajando en un tema que, si tienes un poco de suerte, te pagarán una miseria mucho después. El periodismo no se valora, no se reconoce, no se reivindica ni se trata con el respeto que se merece (sic). Este oficio está enfermo, tanto como la sociedad que acoge nuestro trabajo, y los problemas a los que nos enfrentamos aumentan a diario sin que sepamos bien cómo hacerles frente.
La comunicación con todas su letras e inconsistencias se ha convertido en uno de los pocos espacios en los que nos está permitido soñar; aunque sea 'a pies juntillas'. Soñar con otros modelos, otros titulares, otras actitudes frente al caos, otros pies de página, otra gestión de los medios. Otras y otros. A grandes rasgos es un espacio de participación colectiva más o menos determinado por los intereses de los empresarios de los medios de comunicación, que tienen como único archivo adjunto un consumo uniformador y teledirigido.
Komunikazioa, bere letra eta ahultasun guztiekin, amets egiten uzten diguten espazio urrietako bat bilakatu da; 'itsumustuan' bada ere. Beste ereduekin, beste goiburu, beste jarrerekin kaosaren aurrean, beste orri-oin eta beste hedabideen gestio ezberdinekin amets egiten uzten digu. Gaingiroki, komunikazioa parte-hartze kolektiborako espazio bat da eta, espazio honetan, kontsumo uniformatzailea eta telegidatua soilik sustatzen duten hedabideetako enpresarien interesek eragin maila ezberdinak dituzte.