Desde inicios del siglo XX Oriente Medio es un conjunto de territorios y gentes que se han visto en el centro de una disputa por el control de sus recursos. En 1921 el Tratado de Sykés-Picot daba vía libre a Francia y Reino Unido para trazar las actuales fronteras e iniciar el despojo de tierras de centenares de miles de sus propietarios originarios y el salvaje saqueo de sus recursos naturales. Más adelante, la partición de la Palestina histórica y creación del estado de Israel (1947); la muerte de Gamal Abdel Nasser (1970), padre del panarabismo e impulsor del socialismo árabe; la revolución iraní y el derrocamiento del sah (1979)…
En la última década el nivel ascendente de consideración literaria, artística y también documentalista del tebeo y la novela gráfica han pasado a ocupar un espacio altamente preeminente dentro de la panoplia de registros culturales del momento. Este consolidado auge podría parecer casi un oxímoron en esta coyuntura donde el formato literario tradicional del papel se encuentra en lucha con el limbo tecnológico del libro electrónico; donde la forma y negocio de producción, exhibición y consumo del audiovisual está relegando las salas de cine a espacios cada vez más arrinconados por la aplastante impronta de inmediatez y portabilidad que conllevan las nuevas tecnologías y redes de comunicación; o donde el teatro y la danza pelean entre estertores por mantener su cuota de espacio, abolengo y dignidad mientras el modelo de negocio se acota y reduce de manera desgraciadamente inexorable.
Wajdi Mouawad (Líbano 1968) una mañana escuchó gritos y disparos en la parada de autobús que se situaba enfrente de la casa familiar en su maltrecha Beirut natal; subió a la azotea de su edificio y desde allí vio lleno de terror cómo un autobús a rebosar de refugiadas y refugiados palestinos era acribillado a balazos por las milicias cristianas y posteriormente incendiado. Ese autobús permaneció humeante y lleno de muerte durante muchas horas delante de su casa sin que nadie pudiese acercase ni a socorrer ni a parapetar con sábanas el espectáculo de semejante infamia, por miedo a correr la misma suerte que la de los desdichados refugiados. Esta trágica imagen viene persiguiendo a este autor a lo largo de su vida y se ha convertido en uno de los ejes que ha siempre ha sobrevolado su brillante carrera como actor, dramaturgo y director de escena.