Sonrío y le recito el once inicial del Real Madrid y del Barcelona en un posible derbi asomando mi aliento por la ventanilla de la aduana. Sé que hay jugadores que ahora están más cerca de Manolo el del Bombo que de la línea de mediocampo, que ahora son entrenadores o que han montado un casino en su pueblo. Me hago el erudito aunque no cuela mezclar a Roberto Carlos y Benzemá en la alineación titular. Son los comodines –ahora desgastados– que me han aligerado los malos tragos en alguna que otra frontera terrestre africana.
Ángel Cappa es oriundo de Argentina y español de adopción. Nació en Bahía Blanca y sufrió la dictadura militar. Descubrió el fútbol de niño, se lo encontró y le dio ilusión y la posibilidad de viajar y vivir de él. Fue entrenador del Real Madrid y del River Plate, entre otros. Es un hombre que ha estudiado varias carreras, ha escrito libros relacionados con el fútbol y es militante de la izquierda desde muy joven. Desde su situación de jubilado aboga por la unidad de la izquierda para cambiar el país, pero no a cualquier precio. En una tarde soleada lo entrevistamos en el barrio madrileño de Chamartín, y como buen conversador no eludió ningún tema sobre el que le preguntamos.
El nacimiento del fútbol moderno está estrechamente ligado al surgimiento del estado parlamentario burgués y a los primeros pasos del sistema económico capitalista a finales del siglo XVII y principios del XVIII en Inglaterra. En este sentido, la configuración de las reglas de este deporte y el consenso acerca de su cumplimiento es resultado de la filosofía propia del sistema político entonces creado, en el que diversas agrupaciones políticas competían por el poder parlamentario adscribiéndose a unas reglas concretas bajo la supervisión de un juez. Los artífices de esta transposición de valores fueron los estudiantes de los elitistas 'public schools' británicos, que dieron al actual 'deporte rey' la forma que hoy tiene al concretar unas reglas comunes para poder competir a nivel nacional entre los equipos ligados a sus centros educativos.
Los primeros tiranos, los que todavía se preocupaban de que el pueblo estuviera contento, inventaron el pan y circo. Porque entendían que un pueblo cenado y entretenido se va contento a la cama y no se levanta con ganas de hacer la revolución por la mañana. Y llegó la tele. Y, con ella, el fútbol. Ya no hacía falta salir, el circo venía a verte a casa. Y el circo se fue haciendo enorme, hasta que ocupó mucho más de lo que los tiranos esperaban. Encendió pasiones, infló fortunas, endiosó mediocres y secuestró el deporte. Y olvidó a las mujeres.