Comenzamos, ahora sí que sí, 2018. ¿Qué puede ser mejor para entrar con buen pie que anotar cuáles fueron algunas de las claves en África en 2017? Un artículo para degustar despacito.
Dulce. Pausado en sus discursos. Incisivo con el poder y con sus élites. Su risa contagiosa te hace caminar fuera del miedo cuando este se convierte en el escondite donde refugiarte, cuando concluyes de un plumazo que el devenir de las relaciones internacionales en África se presenta complicado. Sus canas parecen amasadas en trincheras, junto a los sin voz. Firoze Manji es un intelectual y activista keniano con una reconocida carrera en la lucha por los derechos civiles de los y las africanas que le llevó a ser el director de Amnistía Internacional para África y fundador de Pambazuka y Fahamu, redes para la justicia social.
“Las historias son cosas revolucionarios y rebeldes” Ben Okri, Nigeria.
El debate continua vivo. El movimiento #RodhesMustFall (Rhodes debe caer) comenzó el marzo pasado en Sudáfrica donde un colectivo de estudiantes y personal no docente se movilizaron por una acción directa contra la realidad del racismo institucional en la Universidad de Ciudad del Cabo que mantenía una estatua de Cecil Rhodes en el campus del edificio. Pero la protesta no era exclusivamente simbólica. Rhodes fue un empresario imperialista y político británico que desempeñó un papel dominante en el sur de África a finales del siglo XIX.
Cuando llegas a Nairobi, la capital de Kenia, tropiezas con el sombro. La insospechada carga eurocéntrica que nos taladra se boquea en seguida en busca de aire por tal cantidad de 4x4, empresas multinacionales que asientan cimientos con altas miras, anuncios publicitarios reconocibles y, también, una población indeterminada en número y que camina y se mueve por los arcenes. Es el África que camina.
Quién controla a los medios de comunicación es una cuestión que pasa desapercibida. Y no es casual. La respuesta atenta directamente contra las estructuras de poder que están reforzadas por los agentes publicitarios que, a su vez, sostienen las radios, televisiones, periódicos y el propio internet. La apariencia de un abanico amplio de opciones para informarnos nubla una realidad que ataca directamente a la democratización de los contenidos y al ejercicio de la propia profesión que desde hace tiempo ha sustituido sin ningún escrúpulo la máxima de informar por la de vender. Antes, esta variable estaba de alguna forma encubierta, pero el capitalismo monopolista no tiene espacio para distracciones.
“Que vienen los chinos”. De hecho, “ya están, también, en África”. Sí, el gigante asiático es actualmente el mayor socio comercial de África. Los debates han dejado de serlo, en parte, porque se asume que los parámetros de entrada y actuación son los mismos que los que siguieron las antiguas metrópolis europeas con tradición imperialista en África. Pero, en realidad, llevan instalados mucho tiempo. Las relaciones chino-africanas deberían, no obstante, seguir en el debate como una reflexión forzada y como un ejercicio de análisis que contraponga ciertos discursos alarmistas. Los datos y la información de campo son buenas compañías para este cometido.