Son muchas las activistas que en estos momentos (da igual cuándo leas esto) están poniendo el cuerpo y arriesgando el pellejo en su lucha contra la precariedad generalizada para cimentar las bases de lo que Judith Butler denomina “un mundo sostenido y sostenible”[1], un mundo diverso donde quepan muchos mundos.
El estallido de la Primavera árabe en 2010-2011 será recordado como uno de los periodos clave de comienzos de este siglo. A lo largo y ancho del mundo árabe se desarrollaron movimientos de protesta simultáneos que reclamaban libertad, democracia y justicia social, y que desembocaron en verdaderas revoluciones en Túnez, Libia, Egipto y Siria. El derrocamiento de dictaduras, no de una sino de varias décadas de antigüedad, mediante la movilización de decenas de millones de personas fue un acontecimiento histórico increíble que infundió esperanza a tantos y tantas que luchan por la libertad humana en todo el mundo.
Es un placer anunciar que, tras muchas horas de hemeroteca online, nunca había visto una intervención militar tan exitosa como la de Francia en Malí. Basándome en las fuentes consultadas, esta intervención militar no ha causado ni una sola víctima civil o inocente, y sin embargo ha “neutralizado” a muchos cientos de terroristas. En este análisis quiero centrar mi atención en la única víctima de la intervención que he podido corroborar: LA VERDAD.
En el conflicto de Malí es preciso dejar de hacer el paradigma entre islam y terrorismo, y la guerra entre el sur de este país y el norte habitado exclusivamente por los tuareg yihadistas. Se trata de simplificaciones y generalizaciones abusivas, que pasan por alto los aspectos históricos y estructurales que el presente análisis pretende exponer para comprender este conflicto en su totalidad, con la consiguiente identificación de los actores internos y externos, y las perspectivas que se presentan.
La decisión unilateral de Francia de intervenir en Malí, meses antes de la misión prevista por la ONU, ha hecho que 2013 se iniciara formalizando definitivamente la apertura de un nuevo frente bélico para Occidente. Un frente que podría ampliarse a todo el Sahel. Una vez más, se lleva a cabo en nombre de la “guerra contra el terrorismo” y en defensa de la población civil. Pero, ¿es ésa la motivación real de intervenciones como las de Afganistán, Irak, Libia o ahora Malí?
En general, cuando el gobierno francés se ocupa de los malienses es para expulsarlos, ¿por qué, de repente, se transforma en defensor del pueblo de Malí? Para intentar responder a esta pregunta, es inevitable señalar las responsabilidades de Francia en la crisis de Mali.