El papel de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) ha sido fundamental para confrontar al poder corporativo. Cuando los Estados fallan en sus obligaciones de respetar los derechos humanos y proteger el medio ambiente frente a las actividades empresariales, las OSC han respondido mediante una variedad de estrategias y tácticas para intentar corregir las externalidades negativas características del actual modelo económico global.
Si algo ha demostrado la crisis financiera mundial que arrancó con la caída del gigante Lehman Brothers es la interconexión del sistema financiero mundial. El 15 de septiembre de 2008, el que había sido un estandarte de la gran industria financiera norteamericana se precipitaba a una bancarrota instantánea provocada por la gran cantidad de productos financieros compuestos por créditos hipotecarios de baja calidad. Las hipotecas subprime o hipotecas basura se habían expandido con rapidez por los balances de bancos, fondos de pensiones y empresas financieras de todo tipo en todo el planeta, arrastrando sus cuentas y provocando la caída en cadena de los parqués bursátiles.
Acuerdo económico integral y de comercio entre la Unión Europea y Canadá (CETA, por sus siglas en inglés); Acuerdo de comercio de servicios (TISA); Acuerdo trasatlántico de comercio e inversión (TTIP); Acuerdo transpacífico (TPP); Acuerdo de libre comercio Japón-Unión Europea (JEFTA). Estos son solo algunos de los principales tratados de comercio e inversión actualmente en negociación o recientemente aprobados, la punta del iceberg de un fenómeno político de enorme trascendencia.
La escuela pública agoniza. Está sucumbiendo a los ataques sufridos desde hace décadas por parte de un neoliberalismo salvaje respaldado por la Unión Europea, la OCDE, el Banco Mundial, el FMI y la propia UNESCO, organismos que han usurpado la función de las instituciones políticas, que han secuestrado el poder ciudadano.
Desde que a principios de la década de los ochenta del siglo pasado comenzaran a extenderse por todo el mundo, los microcréditos se han presentado como uno de los dogmas más exitosos en la lucha contra la pobreza, repletos de aparentes bondades, impostados éxitos y engañosos beneficios. Sin embargo, estos no han cumplido las numerosas promesas que organismos internacionales y ONG hicieron, hasta el punto de que representan uno de los mayores fracasos en las políticas de cooperación al desarrollo, siendo utilizados en no pocas ocasiones de forma fraudulenta para impulsar políticas e intervenciones neoliberales radicalmente contrarias a sus supuestos beneficios. De hecho, las microfinanzas viven en todo el mundo un proceso de cuestionamiento y desmoronamiento muy profundo, tanto por algunos sucesos de enorme gravedad que han alimentado, como por el resultado de investigaciones, evaluaciones y publicaciones de relevancia, prácticamente desconocidas en España.
Colombia es un país marcado en su historia republicana por múltiples violencias. Si revisamos aleatoriamente un episodio del pasado, encontramos que, en alguna parte de la geografía nacional, en algún momento, hubo una situación de guerra, conflicto, resistencia, dominación y lucha. Alguien decía que para entender la macondiana realidad de Colombia es necesario pensar este país como un paciente que lleva mucho tiempo inmerso en un complejo tratamiento médico intentando ser curado, pero éste ha aprendido a mantenerse en un estado en el que ni se cura, ni se muere. Es decir, en Colombia las cosas ni mejoran, ni terminan de empeorar.