La creación del Estado de Israel en 1948 y su consolidación en la región están sujetas a un cúmulo de mitos que por repetición han formado parte de la propaganda sionista para justificar la ocupación de Palestina y la limpieza étnica de su población. Unos mitos que vienen a confirmar lo que el historiador israelí Slhomo Sand llama la “invención del pueblo judío”, ese corpus colectivo construido por el sionismo con la finalidad de modelar una futura nación.
La noche en que Trump ganó las elecciones a la presidencia de los EE UU, muchas palestinas y palestinos de Ramallah, la ciudad de Cisjordania donde se encuentra el Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), estaban pegados, como no podía ser de otra manera, a las pantallas de sus televisores, esperando a que el pueblo estadounidense, con sus papeletas electorales, determinara el futuro de su propio país. Un país que aún está por nacer, tras 24 años de los Acuerdos de Oslo, que reconocía el derecho a la autodeterminación de Palestina, y 15 años después de que el Cuarteto de Oriente Medio diseñase la Hoja de Ruta para la paz.
El acceso al agua de la población palestina, tanto en Gaza como en Cisjordania, está estrictamente limitada por las políticas actuales del Gobierno israelí, afectando enormemente a sus vidas. El presente artículo analiza las principales causas de esta precaria situación hídrica, y explica los efectos que este limitado acceso al agua tiene sobre las vidas de las personas.