Una de las causas fundamentales de la hegemonía que la derecha oligárquica salvadoreña mantiene, a pesar de haber perdido el control del Ejecutivo en 2009, es la vigencia de un modelo de medios antidemocrático funcional a los intereses de las élites empresariales y políticas, que imponen su dominio ideológico-cultural. A pesar de los avances de los últimos años, la falta de un esquema de medios democrático construido en clave contra-hegemónica es uno de los principales obstáculos para la consolidación de un proyecto de cambios estructurales, aun cuando gobierna un partido de izquierda.
Los Acuerdos de Paz de Chapultepec pusieron fin a veinte años de conflicto armado en El Salvador y sentaron las bases para la creación de un nuevo país democrático en un estado de derecho que aspiraba a la reconciliación de la sociedad salvadoreña. En las negociaciones previas entre Gobierno y guerrilla se logró incluir una serie de reformas para asegurar la calidad democrática del país. Sin embargo, no hubo acuerdo en dos áreas claves para la paz y la democracia: la transformación de la estructura económica creadora de injusticia social y la desconcentración de medios de comunicación controlados por el poder político y económico.
Hoy en día, la sociedad neoliberal en la que estamos inmersas solamente entiende la economía y la rentabilidad basada en unos valores que poco tienen de éticos y sociales. Así, la inmensa mayoría de las iniciativas económicas y financieras que se ponen en marcha, conceden al beneficio económico un valor y un estatus muy superior a cualquier otra consideración social, cultural y humana, ayudando así a mantener una economía y, por tanto, una sociedad, carente de elementos ideológicos o éticos.
El sábado 2 de abril de 2016, en el cierre de la “Cumbre Política de Trabajadores y Movimientos Sociales” desarrollada en la ciudad de Cochabamba, el presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma, propuso convertir a su país en la capital latinoamericana de los movimientos sociales anti-imperialistas.
El proceso de paz abierto en Colombia supone una gran esperanza para un pueblo que ha sufrido en las últimas décadas graves violaciones de derechos humanos: asesinatos, desplazamientos forzados, desapariciones... Pero, como decía recientemente el uruguayo Raúl Zibechi, un proceso de paz debería consistir no sólo en dejar de usar las armas sino en reparar a las víctimas, sacar a luz las violaciones y mostrar a los violadores, porque "no hay paz posible sin que los combatientes se reconozcan y sean reconocidos como verdugos de una sociedad".
Antes del surgimiento de las radios comunitarias, gran parte de la población de Guinea-Bissau se encontraba marginada por los medios de comunicación públicos y privados debido a su escasa cobertura y a los idiomas empleados. Estas emisoras llenaron una gran laguna al permitir a las comunidades no sólo el acceso a los medios de comunicación, sino también la producción de información y su difusión en las lenguas locales de cada barrio o pueblo.