El número más antiguo que conservamos de Pueblos es de mayo de 1998, aunque la revista comenzó su andadura tres años antes. Sumergirse en una hemeroteca con las fechas bien presentes es siempre exponerse a un revoltijo de emociones, entre imágenes, datos, declaraciones, líneas estéticas que vienen y van, augurios errados vergonzantes y profecías cumplidas que nos llevan a repetir en cadena “ya lo decía yo”. Echando un vistazo a este primer número del archivo, que tiene algo más de veinte años, sentimos un escalofrío desde la primera línea: “Contra la militarización de las conciencias”, “Carrera de armamentos…”, “Los inmigrantes como víctimas de la globalización”, “El Frente Sandinista ante su Congreso”, “Irak: crisis permanente”, “Aportaciones a una reflexión sobre los movimientos sociales”.
Muchos alumnos y alumnas de la Universidad Mackenzie, en el centro de São Paulo, en Brasil, comenzaron el curso del 2007 animados con la idea de poder ir a la facultad en metro. Aquel año, una parte del campus fue tomada por operarios que comenzaron a construir la línea 4. La promesa era que estuviese lista en 2010. “En el último año podremos ir en metro”, pensaban. Muchos vivían en barrios lejanos y tardaban más de una hora en llegar. Llegó la graduación, pero no la línea, que se retrasó hasta 2017.
El muchacho era curioso. Cuando el circo llegaba a la ciudad, corría para verlo. Por detrás del telón, observaba las mismas escenas que le encantaban en la pantalla grande del cine. De tanto entrar a escondidas, sin pagar entrada, fue disfrutando cada vez más del circo y del cine. Entonces comenzó a hacer teatro para estar más cerca de lo que quería.
Carlos Stênio Filho, de 22 años, vive en Guarulhos, ciudad vecina a São Paulo, la mayor de Brasil, pero al llegar a casa puede que no tenga agua en el grifo. Con 1,3 millones de habitantes, Guarulhos convive con cortes de abastecimiento que duran hasta 30 horas.
Cuando fue admitido para estudiar física en la Universidad de São Paulo (USP), José Alves escuchó una pregunta incómoda de su madre: ¿cómo iba a pagar el transporte para ir y volver de allí todos los días?
A siete meses de que se celebren las próximas elecciones presidenciales en Brasil, la polarización va incrementándose semana a semana en este país latinoamericano, que se encuentra en los primeros puestos del mundo en cuanto a número de amenazas y muertes de defensores y defensoras socioambientales, de derechos humanos y periodistas. El ascenso de Jair Bolsonaro, de extrema derecha, con un discurso machista, racista y a favor de la pena de muerte, demuestra lo conflictivo que se está volviendo el panorama político brasileño.