Entre la precariedad y la innovación, el celo y la envidia, el respeto y el desprecio, la industria cinematográfica de Nigeria (Nollywood) sigue en auge afianzándose como la segunda del mundo en número de producciones por detrás de Bollywood (India) y por delante de la mismísima Hollywood (Estados Unidos). Con este marco, la cuna del cine europeo, París, acogió por tercer año consecutivo a la Nollywood Week (4-7 de junio). Cuatro días donde el cine 'made in Nigeria' se mostró no sólo ante la diáspora africana, sino también ante las y los refinados espectadores franceses.
Somalia concentra la quintaesencia de los Estados fallidos, es vivero de piratas y morada de los señores de la guerra, miembro honorífico del eje del terror, escenario de hambrunas e industria de refugiados. Estos son algunos de los generosos piropos a través de los que se valen organismos internacionales y medios de comunicación para difundir la imagen externa de este árido territorio del Cuerno de África. ¿Sugieren estos apelativos alguna otra posibilidad que no sea que, en última instancia, la sociedad somalí, como otras muchas africanas, tiene un origen y un destino condenados a la fatalidad?
El exilio en París llevó a Ferran Iniesta Vernet a devorar libros sobre África en un hogar de jóvenes trabajadores y guiado por un amigo, Isa Traoré. Los primeros libros, eruditos y dedicados a la historia del continente, escritos por europeos. Los siguientes, metodológicamente más flojos pero mucho mejores en contenido, apasionantes y llenos de fuerza, por africanos, sobre todo de Senegal y Malí. Actualmente profesor de Historia de África en la Universitat de Barcelona e impulsor del Centre d’Estudis Africans, este “trotskista contestatario” en la heterodoxia de la heterodoxia, decidió en 1977 irse a África para conocer a uno de estos autores, Cheikh Anta Diop, “el físico nuclear senegalés que decía que el Antiguo Egipto era negro”.
Han sido portada de los principales periódicos de este país durante 47 días, han abierto telediarios y se han convertido en pasto de la indignación popular entre cañas y tapas, pero no nos los han presentado. Sí, nos han proporcionado algunos rasgos para que sea la propia ciudadanía española, televisivamente entrenada en habilidades jurídicas, detectivescas, médicas y hasta forenses, la que trace los perfiles psicológicos de los filibusteros del siglo XXI. La encarnación del mal: seres salvajes, armados hasta los dientes, alucinados por sustancias psicotrópicas, insensibles ante el dolor ajeno. Y negros. Así planteado, efectivamente, son de temer.