Existe un discurso de poder, del poder, según el cual la cooperación internacional, la ayuda al desarrollo, son prácticas extremadamente positivas en las que no cabe crítica alguna porque son buenas por naturaleza. ¿Cómo no va a estar bien ayudar al pobre, construir un hospital y una letrina?
Desde que a principios de la década de los ochenta del siglo pasado comenzaran a extenderse por todo el mundo, los microcréditos se han presentado como uno de los dogmas más exitosos en la lucha contra la pobreza, repletos de aparentes bondades, impostados éxitos y engañosos beneficios. Sin embargo, estos no han cumplido las numerosas promesas que organismos internacionales y ONG hicieron, hasta el punto de que representan uno de los mayores fracasos en las políticas de cooperación al desarrollo, siendo utilizados en no pocas ocasiones de forma fraudulenta para impulsar políticas e intervenciones neoliberales radicalmente contrarias a sus supuestos beneficios. De hecho, las microfinanzas viven en todo el mundo un proceso de cuestionamiento y desmoronamiento muy profundo, tanto por algunos sucesos de enorme gravedad que han alimentado, como por el resultado de investigaciones, evaluaciones y publicaciones de relevancia, prácticamente desconocidas en España.
El Estado español vive un momento prolongado de incertidumbre e inestabilidad social, política y económica, que hoy se manifiesta en las extraordinarias dificultades para formar un Gobierno, y la continuidad de un Gobierno en funciones desde finales del año pasado. El actual mapa político viene determinado por el fin del bipartidismo y de las mayorías absolutas, y la nueva correlación de fuerzas con la entrada de nuevos actores en la escena parlamentaria, lo que hace más complejo el consenso.