Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

Una crisis ambiental que se agrava

Aunque cada vez más países se están sumando a los protocolos internacionales de defensa del medio ambiente y redactan planes de sostenibilidad (una de las metas del Objetivo 7 del Milenio) la realidad es que la crisis ambiental cada vez se profundiza más. Así, estamos ante una situación en la cual muchas alteraciones humanas son del orden o mayores que los cambios naturales.

La velocidad de muchos de estos cambios realizados por el hombre es muy superior a la que se produce en la naturaleza. Y, lo que es peor, los cambios que se esperan en el futuro próximo son muchos mayores. Todo ello siempre y cuando no modifiquemos radicalmente nuestra forma de relacionarnos con el entorno y dejemos de anteponer el beneficio económico a la sostenibilidad de la vida. Acercarnos a la sostenibilidad pasa por que las sociedades humanas vayan adoptando como guía la biomímesis, es decir, que imiten a los ecosistemas naturales. Pero no por un imperativo moral, sino porque han demostrado ser capaces de perdurar y evolucionar en el tiempo. La biomímesis implica una serie de principios:

• Cerrar los ciclos de materia, de manera que los residuos se conviertan en alimento de nuevos procesos.

• Disminuir drásticamente el consumo en los países del Norte.

• Centrar la producción y el consumo en lo local. En la naturaleza, la gran mayoría del desplazamiento de materia se realiza en vertical (vegetales) y, en menor medida, en horizontal a cortas distancias (animales). Los desplazamientos horizontales a largas distancias (migraciones) son una excepción.

• Basar la obtención de energía en el sol.

• Potenciar una alta diversidad e interconexión biológica y humana. Esto implica que cada vez exista más información y ésta sea más compleja.

• Tomar el poder de nuestras vidas, gestionar democráticamente las sociedades.

A continuación, intentará desglosar cuál es la situación de cada uno de estos principios en la actualidad para evaluar si se está cumpliendo el Objetivo 7 del Milenio.

Cerrar los ciclos de materia  (1)

Los flujos principales de materiales de la biosfera están siendo afectados profundamente, además de estar crecientemente linealizados (es decir, no cerrados). Se estima que el ser humano consume, usa o ha destruido cerca del 40 por ciento de la productividad primaria neta (PPN) de los ecosistemas terrestres (Vitousek, 1986). La PPN es la cantidad de carbono que incorporan las plantas cada año de manera neta (lo que fijan menos lo que eliminan). Paralelamente y debido sobre todo a la quema de combustibles fósiles, la concentración de CO2 en la atmósfera ha crecido casi un tercio desde hace 200 años. Esto está provocando un cambio climático global y un desequilibrio de proporciones geológicas en el ciclo del carbono. Los posibles efectos del cambio climático son de tal alcance que probablemente sea el principal problema ambiental que padecemos (IPCC 2001). Ante este panorama, el Protocolo de Kioto no sólo resulta insuficiente, sino que ni siquiera se está cumpliendo, como demuestra que las emisiones de CO2 a la atmósfera continúen aumentando (UNEP 2004). En este aspecto, el papel de EE.UU, está siendo clave, pero el de la UE no es mucho mejor, ya que sus prácticas la alejan cada vez más del cumplimiento de su objetivo de reducir un 8 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero (la reducción actual está en alrededor del 1 por ciento) (OSE 2005).

Las actividades humanas movilizan en la actualidad el doble de azufre que los flujos naturales. Este azufre se vierte en la atmósfera y en la biosfera en general en forma de compuestos tóxicos que causan problemas de contaminación (Meyer 1996). Uno de los principales problemas acoplados a la emisión de azufre es el de la lluvia ácida; otro sería el de las partículas en suspensión.

Por su parte, la fijación humana de nitrógeno superó, a partir de 1980, la fijación natural de este elemento. Esto supone que el ciclo del nitrógeno también se vea fuertemente alterado. Las consecuencias biológicas de este hecho son negativas en su conjunto (Vitousek 1994) y sobre todas ellas destacan la eutrofización de las aguas (muerte de la fauna que las habita) y la contaminación del suelo.

El movimiento de materiales que realiza el ser humano supera ampliamente los movimientos naturales. Sólo las actividades extractivas generan un movimiento de tierras cuatro o cinco veces la cantidad de sedimentos arrastrados por todos los ríos del mundo (Naredo 1998, OSE 2005). Por otro lado, el ser humano está liberando numerosos contaminantes. Además de los masivos, como los compuestos de azufre, nitrógeno y fósforo, es notable el aumento de contaminantes “traza”, como diversos metales pesados (plomo, mercurio, cinc, cadmio, cobre) y compuestos orgánicos de síntesis, como los contaminantes orgánicos persistentes (dioxinas, furanos, PCBs…) (Coborn y col. 1997). Todo esto hace que el éxito en la reducción de emisión de los compuestos responsables del agujero en la capa de ozono sea más la excepción que la regla (NNUU 2005, UNEP 2004), teniendo en cuenta que además queda camino por andar incluso en este campo.
En la consecución de una de las metas del Objetivo 7, la de reducir el porcentaje de personas sin acceso a agua potable, se están produciendo avances (NNUU 2005, UNEP 2004). Sin embargo, se trata de avances engañosos, ya que la presión sobre el agua dulce es cada vez mayor, de manera que los acuíferos se encuentran crecientemente sobreexplotados, contaminados y/o salinizados. Esto dibuja un panorama en el que el estrés hídrico afecta a cada vez más población (UNEP 2004, PNUD 2000).

Disminuir el consumo en los países del Norte

Se podrían tratar numerosos aspectos para demostrar que nuestro consumo no para de aumentar. Un ejemplo es el de energía. Aunque el consumo de energía por unidad del PIB en general está bajando en el mundo (NNUU 2005), no está suponiendo en realidad un menor consumo energético, ya que, al seguir potenciando el crecimiento económico a toda costa, el consumo total se incrementa fuertemente (UNEP 2004). Respecto al consumo de materiales, no sólo es cada vez mayor, sino que el origen de los mismos se encuentra mayoritariamente en fuentes no renovables (especialmente la minería, destacando el petróleo), frente a las renovables de antaño (los recursos vegetales) (OSE 2005).

Centrar la producción y el consumo en lo local

Inmersos como nos hallamos en un proceso creciente de globalización económica, con una producción crecientemente descentralizada, caminamos justo en el sentido contrario a una producción y consumo basados en lo local. La globalización está significando un consumo superior de energía en el transporte (cambio climático, emisión de contaminantes), una mayor construcción de infraestructuras (fragmentación del territorio, pérdida de terrenos fértiles), una producción especializada a gran escala (monocultivos que reducen la biodiversidad, sobreexplotación de materias primas, grandes fábricas fuertemente contaminantes), una mayor necesidad de empaquetado y un estímulo a la producción superflua. De este modo, los acuerdos de libre comercio en el seno de la OMC, facilitados por el FMI y fomentados por EE.UU., la UE y las grandes transnacionales, están siendo unos de los principales responsables de la profundización de la crisis ambiental (Ecologistas en Acción, 2005). Además hay que añadir que la legislación a favor del libre comercio está suponiendo una rebaja generalizada de la normativa ambiental, un incumplimiento de la misma y una exportación de la producción más contaminante a los países del Sur (ODG 2005).

Por último, para centrar la producción en lo local, está ayudando muy poco el flujo migratorio que no cesa desde las zonas rurales hacia las urbanas (NNUU 2005). Resulta mucho más difícil producir y consumir localmente en las grandes conurbanizaciones planetarias, ya que actúan como fuertes devoradoras de recursos y productoras de residuos.

Basar la obtención de energía en el sol

Es cierto que se está incrementando el uso de energías renovables en el mundo, pero también que no supone un aumento significativo en el porcentaje respecto a las no renovables. Es decir, no se están sustituyendo los combustibles fósiles o la energía nuclear por energías eólica o solar (UNEP 2004).

El número de áreas protegidas en el planeta ha aumentado un 15 por ciento entre 1994 y 2004 (NNUU 2005), pero ello no ha detenido el ritmo de extinción de especies, que es casi 10.000 veces superior al ritmo natural (Meyer 1996, UNEP 2004). La pérdida de una sola especie supone la pérdida irreversible de una información única, además de múltiples repercusiones en el ecosistema que habitaba.

Las 3/4 partes de la superficie habitable de la Tierra pueden considerarse más o menos perturbadas por la acción humana (Hannah 1994). En particular, la superficie arbolada está desapareciendo a velocidad de vértigo. Así, en la última década fue talada una superficie del tamaño de Venezuela y el ritmo no decrece (NNUU 2005). Si a esto añadimos una ganadería y una agricultura que se centran en unas pocas variedades y apuestan crecientemente por los transgénicos, el panorama respecto a la pérdida de biodiversidad global es desolador.
Desde el punto de vista de las sociedades humanas, el cuadro es contradictorio, aunque el balance resulta negativo. Se están produciendo fuertes flujos migratorios Sur-Norte y Sur-Sur, lo que en principio favorece una mayor mezcla y diversidad, pero el proceso se realiza en paralelo a una creciente homogenización cultural y a fenómenos de exclusión y tensión intercultural crecientes (“choque de civilizaciones”, barrios-gheto…).

Avanzar hacia una gestión democrática

Un paso inicial hacia un empoderamiento de nuestras vidas es tener las necesidades de subsistencia cubiertas. En ese sentido el último informe del PNUD señala que 3.000 millones de personas se alimentan de forma insuficiente. Pero si vemos la situación de las personas que sí tenemos estas necesidades cubiertas, podemos apreciar como la capacidad de decisión sobre nuestras vidas decrece, ya que los centros de poder están cada vez están más lejos (G-8, UE, OMC…), se concentran en menos manos y son menos permeables a nuestras necesidades y más a las de los grandes capitales internacionales. Además, en la “cruzada contra el terrorismo” están cayendo por el camino un buen puñado de libertades y derechos. Y todo ello hace que tengamos que hablar de un retroceso en la gestión democrática de nuestras sociedades.


Bibliografía

– COLBORN, T.; DUMANSKI, D.; y MYERS, P. “Nuestro futuro robado”. Ecoespaña y Gaia-Proyecto 2050, 1997.
Ecologistas en Acción. www.ecologistasenaccion.org.

– HANNAH, L. y otros. “A preliminary inventory of human disturbance of world ecosystems”. AMBIO 23, 1994.

– IPCC (Intergovernmental Panel on Cimate Change). Climate Change 2001. The Scientific Basis. Cambridge University Press, 2001.

– MEYER, W. B. “Human impact on the Earth”. Cambridge University Press,1996.

– NAREDO, J. M. “Cuantificando el capital natural. Más allá del valor económico”. Ecología Política, 16. 1998.

– NNUU. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe 2005. Naciones Unidas. 2005.

– ODG (Observatorio de la Deuda en la Globalización). www.debtwatch.org/cast/.

– OSE (Observatorio de la Sostenibilidad en España). “La sostenibilidad en España”. Informe primavera 2005. Mundopress. 2005.

– PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). GEO 2000. Naciones Unidas. 2000.

– UNEP. GEO Year Book 2004/5. United Nations. 2004.

– VITOUSEK, P. M. “Beyond global warming: ecology and global change”. Ecology, 75. 1994.

– VITOUSEK, P. M.; EHRLICH, P. R.; EHRLICH, A. H.; Y MATSON, P. A.. “Human appropiation of the products of photosyntesis”. Bioscience, 36. 1986.


Luis González Reyes es miembro de Ecologistas en Acción.

Artículo publicado en el nº 20 de Pueblos- Revista de información y Debate,  marzo de 2006.

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