Precisamente entonces se celebraba, aquí y en otros lugares, el Día Internacional Sin Compras, una jornada que «es algo parecido a un día de huelga del consumidor, una operación de boicot no contra un producto o una multinacional concreta, sino contra la sociedad de consumo en general, que promueve un modelo de consumo social y ambientalmente insostenible»[1]. Un modelo que es directamente responsable de la muerte de millones de personas en el mundo… Nos relatan en el periódico que el día anterior, por ejemplo, un dependiente de los almacenes Wal Mart, posiblemente mal pagado y explotado por la multinacional, moría pisoteado en el Estado de Nueva York por cientos de consumidores deseosos de entrar de primeros en el suculento universo de las rebajas [2]. Aunque no nos referíamos exactamente a eso, perdón, nos hemos distraído…
Volvemos al periódico y en otra página leemos cómo son diferentes los estímulos que han movido a los 150.000 desplazados por el conflicto en Kivu-Norte, en la República Democrática del Congo, donde lo que está de rebajas es el valor de la vida. Lo que no nos dicen es que el dependiente de Nueva York, sus asesinos, los desplazados del Congo y nosotros, afectados directa o indirectamente por una crisis perpetua, estamos sujetos a esa misma estructura, la de la explotación de unos sobre otros, la de la dominación del mercado sobre las personas, la del sálvese quien pueda.
Pero regresemos al Congo. Si queremos saber más sobre el conflicto busquemos en la versión digital del diario El País. Junto a las noticias dedicadas a relatar la «realidad» de este lugar, una empresa anuncia que «Ahora es fácil viajar al Congo» [3]. Perfecto, otro oasis navideño. Nos dicen que desde 390 euros ya se puede vivir una intensa experiencia en el auténtico corazón de las tinieblas. Algo que seguramente no podrá permitirse al menos el 19’7 de la población española, un millón y medio de personas cuyos ingresos mensuales son 80 euros inferiores a esa cifra [4]. El resto, aun pudiendo permitírselo, preferíría, lógicamente, una guerra estilo Wal Mart, aun bajo el riesgo de muerte.
¿Y si ni las lucecitas, ni los sucesos del periódico, ni las guerras lejanas, ni las arriesgadas rebajas logran distraer lo suficiente al consumidor prenavideño? Seguro que la oferta es mucho más amplia y variada. En cualquier caso, siempre quedará el refugio de la televisión.
Artículo publicado en el número 35 de Pueblos – Revista de Información y Debate, diciembre de 2008.
NOTAS:
[1]: ConsumeHastaMorir:www.consumehastamorir.com
[2]: El País Digital: www.elpais.com
[3]: Ibidem.
[4]: Instituto Nacional de Estadística (INE): www.ine.es

