Descargas, cargas fiscales y derechos de autor

Lo dejaré claro desde el principio: las páginas de descargas de música están haciendo un gravísimo daño a la música como arte, más allá de la música como negocio. No es cierto que gracias a esas páginas las creaciones musicales lleguen a más personas; tampoco es verdad que favorezcan a los grupos o artistas menos conocidos. Sí tienen razón quienes dicen que las grandes discográficas están dolidas porque esas webs se están cargando su negocio tradicional, lo que les obliga a reconducir sus líneas comerciales. Ybasta ya de justificar el pirateo con el apetito devorador de la SGAE.
Ilustración: Mª José Comendeiro.

 

Vayamos punto por punto. Un artista o grupo desconocidos graban sus canciones en un CD por poquísimo dinero. Qué bien, ya tienen un disco. ¡Ah!, pero, ¿Cómo lo damos a conocer? Uno: nos buscamos una discográfica que nos lo distribuya. ¿Cuál, si las que apuestan por el producto novedoso y no comercial sobreviven a duras penas o ya han cerrado?

Segunda opción: lo llevas a las tiendas para que lo vendan. ¿A cuáles, si los grandes distribuidores son Carrefour y El Corte Inglés? El único mayorista que vende música de todos los estilos es FNAC, que tiene un excelente servicio pero que tiene pocos centros en España.

Tercera variante: lo llevo a las emisoras de radio y que pinchen mi disco. Otra vez, ¿cuáles? Las radiofórmulas programan sólo por intereses monetarios y puramente comerciales. Da asco sintonizar Cadena 100, Los 40 Principales y sus primas hermanas.

La única emisora digna, por el momento (y cada vez menos), es Radio 3, una gota en un mar de hondas hertzianas insufrible. Un ruego al equipo dirigente: son necesarios espacios radiofónicos que programen la música que en su día atendían Área Reservada y Diálogos 3. Y una felicitación: es magnífica su página web con noticias y, sobre todo, los programas en podcasts, que permiten escuchar tus programas favoritos por internet en cualquier momento y lugar. ¡Que nunca cierre Radio 3!

Sólo resta una salida: vender los CD en los conciertos. Para eso has de buscarte salas donde tocar, lo que nos topa con el siguiente problema: como un amplio sector de la población se ha acostumbrado a que la música sea gratis, los conciertos también deben seguir esta norma. Gran error. Pero, ¡eureka!, tenemos internet. Ya está, colgamos nuestra música ahí. Fantástica idea si no fuera porque en internet son millones los archivos musicales y el internauta va a lo que ya conoce. Tampoco vale eso de que “hay que curtirse en el directo”, en referencia a abrirse paso poco a poco en las salas de música en vivo. Porque lo que sucede ahora es que si eres un grupo novel y quieres tocar en Madrid, por ejemplo, has de alquilar la sala. Es decir, pagar por tocar en directo. Mal pinta el panorama.

Páginas P2P

Los indignados usuarios de internet entran en cólera cuando se sugiere el cierre de las páginas desde las que se descargan archivos ilegalmente (webs P2P). En este santo país hablamos de “derechos sobre la propiedad de la tierra”, “derechos sobre bienes inmobiliarios”, “derechos sobre los registros de patentes”, “derechos sobre los medicamentos”, “derecho reservado de admisión”, etc. Todo está protegido, menos el arte. Los creadores de canciones, los músicos, no tienen derecho a nada. Si les piratean, que se callen, porque si protestan es que están pisoteando la libertad de circulación de la información. Pero ningún internauta dice nada contra los operadores a los que pagamos por el ADSL. Pagamos por la línea ADSL, pero no queremos pagar por un disco. Los operadores se lucran, porque hemos de admitir que un altísimo número de líneas de ADSL están contratadas para descargarse ilegalmente películas y música. Y qué decir de la publicidad que entra en esas páginas tan visitadas.

Decimos que pagar 15 euros por un disco es un robo. ¿Cuánto pagamos por el ADSL?, ¿ Cuánto pagamos por una ronda de cervezas con cuatro amigos? Lo peor de todo es que la gente más joven (y créanme, que trabajo con chicos y chicas entre 12 y 18 años) no compra música porque “para qué, si me la bajo gratis”. Menos hipocresía: libertad de información, sí; saqueo a los creadores, no.

Propondría que se cerrara de inmediato cualquier página desde donde se descargan archivos musicales ilegalmente. Dos: que los músicos que quieran cuelguen en la red sus canciones para su libre descarga, previa autorización escrita. Y tres: que el gran portal de Internet sea una tienda de verdad: escuchar las canciones antes de comprarlas. Si te gustan, pagas por ellas y te la descargas. Al final, no quedará otra salida: Internet como la macrotienda. Las grandes y pequeñas discográficas están apostando por esta vía.

Ventas en caída libre

Los datos son desoladores: en 2009, según la Federación Internacional de la Industria Discográfica (IFPI), la facturación alcanzó los 211 millones de euros, un 17 por ciento menos respecto al año anterior. Mientras, sube tímidamente la descarga legal (Internet y móvil) en un 10,6 por ciento, lo que representa el 27 por ciento de los ingresos totales del sector discográfico. El descenso desde 2001 llega al 71,46 por ciento. Nuestro país figura a la cabeza de las descargas ilegales y la piratería en general, dato incuestionable.

Los únicos discos que vendieron más de 100.000 unidades fueron: Vinagre y rosas, de Joaquín Sabina; Antes de que cuente diez, de Fito y los Fitipaldis; y Paraíso express, de Alejandro Sanz. Completa esa famosa lista de los 10 más vendidos: Sin mirar atrás, de David Bisbal; Duermevela, de El Barrio; el disco homónimo de Amaia Montero; No line on the horizon, de U2; X Anniversrivm, de Estopa; 50 años después, de Raphael; y Radio La Colifata, de El Canto de El Loco. Promusicae, que es la asociación de Productores de Música de España, ha rebajado de 80.000 a 60.000 copias la cifra para recibir el galardón de “disco platino”.

¿Acaso ven los lectores que entre los discos más vendidos haya alguno que pertenezca a un solista o grupo novel? Conviene recordar que en 2003, con datos de la IFPI, diez de los 50 discos más vendidos fueron publicados por músicos nacionales debutantes. En cambio, lo que sucede ahora es que se ven beneficiados sólo las figuras consagradas, las que tienen mucha popularidad (más allá de la calidad de su música). Ocurre que las discográficas grandes apuestan a caballo ganador y dejan que las pequeñas disqueras se jueguen el pellejo económico apostando por nuevos valores. Ydejemos de hablar de música “indi”, porque eso es un eufemismo absurdo. No existe. Es sólo la traslación al castellano del término inglés “underground music”, que es muy diferente.

En el planeta musical hay cuatro grandes discográficas: Universal, EMI, Sony BMG y Warner. Los discos más vendidos en España en 2009 han sido publicados por estas compañías y no por las pequeñas discográficas que se baten por hacernos llegar los discos que para las multis “no son rentables”. Compañías como Resistencia, Karonte, Nuevos Medios, Harmonia Mundi, Discmedi, Ediciones Senador, Elephant Records, Locomotive, Subterfuge, etc., carecen de hueco en los medios de comunicación (excepto en Radio 3, insisto) y el espacio disponible para exhibir sus productos en las grandes cadenas de distribución es minúsculo, si lo hay (excepción de FNAC, reitero).

Las cuatro multinacionales dominan más del 80 por ciento del comercio musical mundial, enjugan las pérdidas de un continente o país con las superventas en otro. Por ejemplo: que U2 no vende lo previsto, digamos, en Italia, no importa, porque lo cierto es que España es un caladero seguro. En cambio, las pequeñas discográficas se las ven y se las desean para que sus discos sean distribuidos porque sus referencias no son Sabina, Carlos Baute, Coldplay, U2, Raphael… No, estas disqueras editan lo que las multinacionales desechan, nos traen referencias de estilos “minoritarios”: jazz, blues, étnico, country, folk, etc. Las multinacionales se vuelcan en el pop y rock, en el llamado en inglés “mainstream”.

IVA y SGAE

Los hechos suman y suman. La música está muy enferma en nuestro país por esto que les digo y más, por supuesto: el 16 por ciento de IVA en el precio de los discos, la escasez de salas para tocar en directo, el afán desmedido de la SGAE para recaudar derechos de autor, un desigual e injusto reparto del dinero recaudado por la SGAE por estos conceptos… Y más: la falsa asociación entre “si ellos (la SGAE) me roban por cobrar el canon digital, yo les robo con la descarga gratuita”. Eso es arrimar el ascua a tu sardina.

El celo de la SGAE por cobrar hasta por respirar (soportes digitales como CD, DVD, aparatos electrónicos, salones de bodas, peluquerías, conciertos benéficos, representaciones teatrales escolares, etc.) no debería hacernos creer que “eso” es la razón de las descargas ilícitas en las páginas P2P. Ante tantos despropósitos, las pulgas se le acumulan al perro flaco. Y la mayor pulga es la que porta el lema: “la música debe ser gratis”.


Fernando Blanco es colaborador de Pueblos.

Este artículo ha sido publicado en el nº 42 de la revista Pueblos, junio del 2010


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