Los discursos de las ONGD contribuyen a construir imaginarios colectivos. Muchas conciben la comunicación como una herramienta para la transformación social, pero urge sortear trampas como el complejo de salvadores, la revictimización y el uso de una jerga tecnificada y abstrusa
El número más antiguo que conservamos de Pueblos es de mayo de 1998, aunque la revista comenzó su andadura tres años antes. Sumergirse en una hemeroteca con las fechas bien presentes es siempre exponerse a un revoltijo de emociones, entre imágenes, datos, declaraciones, líneas estéticas que vienen y van, augurios errados vergonzantes y profecías cumplidas que nos llevan a repetir en cadena “ya lo decía yo”. Echando un vistazo a este primer número del archivo, que tiene algo más de veinte años, sentimos un escalofrío desde la primera línea: “Contra la militarización de las conciencias”, “Carrera de armamentos…”, “Los inmigrantes como víctimas de la globalización”, “El Frente Sandinista ante su Congreso”, “Irak: crisis permanente”, “Aportaciones a una reflexión sobre los movimientos sociales”.
Cuando en 1975 Santo Tomé y Príncipe consiguió la independencia de Portugal, el portugués reafirmó su peso en el ámbito educativo, en las instituciones y en los medios de comunicación. Desde la cooperación internacional, que a menudo pone en un segundo plano estas cuestiones, es posible abarcar la protección y revitalización lingüística, lo que incidiría no solo en el ámbito cultural, sino también en el social, en la igualdad de género y en el medioambiente.
Ser, hoy en día, personas rebeldes, inconformistas, críticas y apostar por procesos de transformación y de emancipación social ha de ser un objetivo compartido entre la ciudadanía, incluido el sector periodístico y el de las ONGD. El panorama global al que nos enfrentamos nos exige trabajar en esa dirección desde distintos ámbitos. Una herramienta fundamental es la comunicación, concebida como aquella que, de manera transversal, pretende dar protagonismo a voces silenciadas, dar cabida a temas considerados tabú durante mucho tiempo y a historias ocultas y que, sobre todo, favorece un enfoque crítico de la realidad con el objetivo de enfrentarse a un modelo como el actual: capitalista-depredador y heteropatriarcal.
Irudaya Jothi, director de Udayani Social Action Forum (USAF), ONG jesuita en Calcuta, conoce de cerca las luchas enfrentadas y los logros conseguidos en la campaña por el derecho a la alimentación en India a través de la voz y la fuerza de las mujeres. El movimiento por el derecho a la alimentación en la zona comenzó en 2001 cuando tras una sequía muchas personas murieron de hambre mientras toneladas de alimentos quedaron sin distribuir en los almacenes de la Food Corporation of India (FCI), corporación estatal a cargo del sistema de distribución pública que funciona bajo el Ministerio de la Alimentación.
Existe un discurso de poder, del poder, según el cual la cooperación internacional, la ayuda al desarrollo, son prácticas extremadamente positivas en las que no cabe crítica alguna porque son buenas por naturaleza. ¿Cómo no va a estar bien ayudar al pobre, construir un hospital y una letrina?