Las políticas del Gobierno del Ecuador incorporan como eje transversal el cambio de la matriz productiva y la transición energética hacia una economía postpetrolera que permita a la nación alcanzar los principios del 'buen vivir' o 'sumak kawsay'. Sin embargo, el estado pretende lograr el bienestar de la población a través de los recursos obtenidos por la explotación petrolera de la Amazonía, una decisión que pone en riesgo la pervivencia de las poblaciones indígenas y que ha llevado a las mujeres amazónicas a protagonizar la lucha por la defensa de la vida y del territorio.
Ekuadorrek 'bizitze ona' edo 'sumak kawsay'-aren oinarriak betetzeko helburuarekin, gobernuaren politikek produkziomatrizearen aldaketa eta petrolio osteko ekonomiarako trantsizio energetikoa gehitzen dituzte, zeharkako ardatz gisa. Haatik, estatuak Amazoniako petrolio-ustiaketatik lortutako baliabideen bitartez lortu nahi du biztanleen ongizatea. Erabaki honek arriskuan jartzen du herri indigenen bizitza eta, hortaz, amazoniar emakume asko bizitza eta lurraldearen defentsan borrokatzera bultzatu ditu.
Sí, efectivamente, hay una crisis abierta del régimen y del propio sistema. Esta crisis de momento se está saldando con unas draconianas medidas, de todo tipo, que caen sobre las espaldas (y a costa de ellas) de los sectores más frágiles de la sociedad. Se está produciendo un cambio que cruje las condiciones de vida y niega la satisfacción de las necesidades más urgentes. Y las mujeres están en el centro de este cambio retrógrado y conservador.
El hundimiento del sistema financiero internacional que algunos habían creído que sería el inicio del fin del capitalismo se está convirtiendo, por el contrario, en su refortalecimiento.
Quien siembra vientos, recoge tempestades es un refrán aplicable a buena parte de las situaciones de violencia social que acontecen y el resumen perfecto para los sucesos ocurridos en Francia durante los últimos meses. Su aparente espontaneidad sólo tiene que ver con una emersión brusca, ya que han permanecido latentes y alimentados durante muchos años por el paro estructural, la exclusión, la xenofobia y el deterioro social. Es decir, sólo era cuestión de tiempo que llegasen los truenos y los relámpagos.