Si algo ha demostrado la crisis financiera mundial que arrancó con la caída del gigante Lehman Brothers es la interconexión del sistema financiero mundial. El 15 de septiembre de 2008, el que había sido un estandarte de la gran industria financiera norteamericana se precipitaba a una bancarrota instantánea provocada por la gran cantidad de productos financieros compuestos por créditos hipotecarios de baja calidad. Las hipotecas subprime o hipotecas basura se habían expandido con rapidez por los balances de bancos, fondos de pensiones y empresas financieras de todo tipo en todo el planeta, arrastrando sus cuentas y provocando la caída en cadena de los parqués bursátiles.
En mayo de 2014, feministas de organizaciones vascas nos juntamos en San Salvador con organizaciones latinoamericanas en el encuentro 'Juntas para una Lucha Feminista Global[1]', que pretendía dar continuidad al 'Tribunal Internacional de Derechos Humanos de las Mujeres, Euskal Herria 2013 - Viena +20[2]'.
“Asia para los asiáticos” se titula el artículo de la prestigiosa Foreign Affairs, donde Gilbert Rozman explica que la amistad chino-rusa llegó para quedarse. No se trata de un artículo cualquiera, escrito por un periodista del montón en un medio de segunda fila. Rozman es profesor de sociología en la Princeton University, autor de numerosos ensayos y libros sobre Asia, incluyendo su último 'El pensamiento estratégico chino hacia Asia' [1].
Nunca se me ha fijado si el apellido del Ministro de Hacienda es Montoro o Montero. Insignificante confusión comparada con la que Montero o Montoro trata de infundir a la sociedad española. De casualidad, me encontré en la televisión con su intervención en el pleno del Congreso del pasado 2 julio. De repente vi a un energúmeno hablando de la economía española. Iluminado, satisfecho, fatuo, exhibiéndose, condescendiente, descubriéndonos al resto de los ciudadanos y los parlamentarios, análisis y horizontes que sólo él podía vislumbrar. No estoy cargando las tintas. Realmente pensé que me encontraba ante un charlatán de los que en mis tiempos infantiles nos atraían por su incontenible verborrea para vendernos cosas inútiles, que, además, luego en casa no funcionaban. En fin, una teatralización tan ridículamente sobreactuada, que delataba que era un falso discurso y no contenía un ápice de verdad.
Las instituciones financieras internacionales (IFI) [1] acudieron a África en los 80 para ayudar a salir a los países de una tremenda crisis económica (fracaso de experiencias de modernización y crisis de deuda) mediante una “terapia de choque” o cambios estructurales brutales. El objetivo era acabar con las malas prácticas acumuladas décadas anteriores y atraer inversores con reformas destinadas a fortalecer los mecanismos de mercado. Una transición brutal a la economía de mercado, convertida en “alfa y omega de las sociedades humanas”.
Jakaya Mrisho Kikwete, actual presidente de Tanzania, fue invitado en 2006 a entrar en directo en el programa Morning Call, de la cadena estadounidense CNBC. Kikwete realizaba una gira por Estados Unidos en aquella primavera y su participación en el programa se hacía desde la Nasdaq, la bolsa de valores que negocia acciones relacionadas con el mundo de la informática, comunicaciones y tecnología. “He venido a atraer negocios para Tanzania”, respondería a la primera pregunta.