El papel de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) ha sido fundamental para confrontar al poder corporativo. Cuando los Estados fallan en sus obligaciones de respetar los derechos humanos y proteger el medio ambiente frente a las actividades empresariales, las OSC han respondido mediante una variedad de estrategias y tácticas para intentar corregir las externalidades negativas características del actual modelo económico global.
Son muchas las activistas que en estos momentos (da igual cuándo leas esto) están poniendo el cuerpo y arriesgando el pellejo en su lucha contra la precariedad generalizada para cimentar las bases de lo que Judith Butler denomina “un mundo sostenido y sostenible”[1], un mundo diverso donde quepan muchos mundos.
En el proceso de toma de conciencia colectiva acerca de los desafíos del cambio climático hacemos frente a un gran obstáculo: ¿cuál es la articulación adecuada entre la escala global y la local (e incluso individual) para hablar de estos problemas y de sus soluciones? El enfoque de los medios llamados 'mainstream', muy convergente y consensual para promover “buenas prácticas”, se opone al enfoque de los medios alternativos y ciudadanos, que intentan repolitizar el tema. En este artículo ofrecemos, a través del caso de Francia, algunos elementos para la reflexión.
Muchos historiadores han tendido a mirar el colonialismo francés en África de forma más condescendiente que el colonialismo británico o belga en lugares como Kenia y la República Democrática del Congo. No ha sido la cuestión del tamaño lo que lo ha determinado. Sí, entre otras causas, el poder blando, el entrar en vena inyectando unos principios que sobre el papel hacen desfallecer al mejor de los demócratas: libertad y las otras dos patas que conforman el tridente de la ilustración europea, igualdad y fraternidad. Hoy, todas desnudadas y violadas de sentido alguno.
El estallido de la Primavera árabe en 2010-2011 será recordado como uno de los periodos clave de comienzos de este siglo. A lo largo y ancho del mundo árabe se desarrollaron movimientos de protesta simultáneos que reclamaban libertad, democracia y justicia social, y que desembocaron en verdaderas revoluciones en Túnez, Libia, Egipto y Siria. El derrocamiento de dictaduras, no de una sino de varias décadas de antigüedad, mediante la movilización de decenas de millones de personas fue un acontecimiento histórico increíble que infundió esperanza a tantos y tantas que luchan por la libertad humana en todo el mundo.
Aurreko otsailaren 25ean lau diputatu frantses, besteak beste, Gérard Bapt, Damaskora bidaiatu eta Bachar Al-Assadekin elkarrizketatu ziren. Elkarrizketa honek eztabaida eta protestak sortu zituen eta, Frantziako Alderdi sozialistaren zuzendaritzatik, alderdiko kidea den Bapt zigortzeko mehatxua ere egin zen. Aitzitik, gai honen inguruan Frantziaren, Europaren eta AEBren jarrera aldatu da eta gertakari hau aldaketa horren adierazgarri da. Le Monde egunkariak eztabaida hau mahaigaineratzen du: “Harremanak leheneratu behar dira Damaskoko erregimenarekin?”. Hollandek eta Cameronek agertutako jarrera ofiziala, ordea, kontrakoa da, hain zuzen “Bachar Al-Assad gabeko etorkizuna Siriarentzat”. Baina, Faysal Al-Qassem analistak ironiaz adierazi bezala, “etorkizun” horretarako, oraindik, hamar edo hamabost urte itxaron beharko dugu.