Existe un discurso de poder, del poder, según el cual la cooperación internacional, la ayuda al desarrollo, son prácticas extremadamente positivas en las que no cabe crítica alguna porque son buenas por naturaleza. ¿Cómo no va a estar bien ayudar al pobre, construir un hospital y una letrina?
La situación de las personas refugiadas en las fronteras de la Europa Fortaleza sigue agravándose día a día, aunque en los últimos meses los medios de comunicación masivos hayan desviado la mirada hacia otras problemáticas. A un año de la primera manifestación convocada en toda Europa por parte de la sociedad civil organizada es muy difícil hacer un balance positivo sobre el desenlace de la mal llamada “crisis de los refugiados” (más bien es “Crisis de la Unión Económica Europea”) que no implique la necesidad de seguir recordando la importancia por seguir reivindicando en las calles e instituciones el pleno cumplimiento de los Derechos Humanos de toda persona y evidenciar la ineficacia de las políticas migratorias europeas.
Hace tres años, el 6 de febrero de 2014, quince personas murieron en la playa Tarajal de Ceuta mientras intentaban llegar a tierras europeas. Como muchas otras, estas personas atravesaron gran parte del continente africano para mejorar sus condiciones de vida y lo que recibieron, mientras luchaban por no ahogarse en el mar, fueron pelotazos de goma y más violencia.
Narrando nuestra oscuridad se ve claramente la vida. (JUAN GELMAN, POETA CON DERECHO A SER PADRE).
PREÁMBULO: Considerando la necesidad de poner en orden al estado de la Vida; Considerando que este orden natural avala que el hombre blanco y varón es un ser superior delante del resto de seres humanos ni blancos ni varones, que está por encima de los otros seres vivos y que ejerce su dominio sobre el Planeta que habita; Considerando que las necesidades básicas e irrenunciables de este hombre blanco y varón es acumular fortunas y consumir caprichos; Considerando que los hombres blancos y varones nacen con privilegios que se deben de preservar; los aquí reunidos en Asamblea General -hombres blancos y varones- proclamamos la presente DECLARACIÓN de DERECHOS.
Resulta contradictorio, a la par que indignante, que en un momento de la historia en el que se promociona el “mundo” como campo libre para las actividades económicas, la fuerza del Estado-nación blinde de las fronteras para impedir la libre movilidad de personas. Desde las instituciones internacionales se les obsequia a las empresas de seguridad privada el poder de decidir quién puede cruzar y quién se queda, actuando impunemente como mercenarias de unos derechos humanos ya desgastados de tanto nombrarlos.
Las políticas migratorias de la Unión Europea (UE) y de sus diferentes Estados miembros responden principalmente a motivos económicos y el Estado español no es una excepción. Actualmente y desde hace algunos años, debido a la crisis económica que planea sobre la UE, la consigna aparentemente ha sido cerrar a cal y canto las fronteras exteriores de la fortaleza europea para que el otro, la diferente, el extraño, la desconocida, la desechable y, últimamente, el bárbaro, no consiga entrar en nuestros países. Esto no siempre ha sido así, ya que cuando hemos necesitado mano de obra barata, como por ejemplo en el boom del ladrillo español, el control de las fronteras y de la estancia de las personas migrantes ha sido mucho más laxo y se han fomentado desde los Estados del “club Schengen” situaciones de ilegalidad y explotación para no frenar el crecimiento económico.