El 31 de diciembre de 2017, en nota aparecida en el sitio web español El Diario sobre el tema de fuentes de financiamiento alternativas como forma de sostener medios de comunicación independientes, se menciona, como ejemplo exitoso de ello, el sitio venezolano Runrun.es, dirigido por Nelson Bocaranda. Otra nota, publicada en el sitio web Nieman Reports, hace apología de medios digitales venezolanos como Efecto Cocuyo, Armando.info, El Pitazo y el mismo Runrun.es, casi en los mismos términos.
Ni un guión de ciencia ficción podría competir con el surrealismo de los hechos, en el caso brasileño: una presidenta electa con más de 54 millones de votos es retirada de su puesto por el Congreso, bajo supervisión y complicidad de la Corte Suprema, antes de cumplir la mitad de su mandato bajo el argumento -o más bien la excusa- de haber recurrido a una maniobra fiscal ampliamente utilizada por sus antecesores, detractores y hasta su vicepresidente, que se consolida ahora como presidente, aunque sea inelegible[1] por ocho años.
Cuando América Latina era narrada desde estudios situados en Miami, el presidente Hugo Chávez, protagonista del primer golpe mediático, impulsó un canal para contar desde la región lo que allí ocurría y visibilizar a las poblaciones históricamente excluidas de los medios de masas. Aram Aharonian fue el primer director de Telesur, y hoy, once años después de la primera emisión, lo recuerda como el hecho comunicacional más revolucionario de la historia de América Latina. En este momento, la comunicación sigue siendo un elemento fundamental para entender lo que ocurre en un continente en el que los medios de comunicación privados legitiman los intentos de desestabilización contra algunos de los gobiernos elegidos democráticamente.
“Las historias son cosas revolucionarios y rebeldes” Ben Okri, Nigeria.
El debate continua vivo. El movimiento #RodhesMustFall (Rhodes debe caer) comenzó el marzo pasado en Sudáfrica donde un colectivo de estudiantes y personal no docente se movilizaron por una acción directa contra la realidad del racismo institucional en la Universidad de Ciudad del Cabo que mantenía una estatua de Cecil Rhodes en el campus del edificio. Pero la protesta no era exclusivamente simbólica. Rhodes fue un empresario imperialista y político británico que desempeñó un papel dominante en el sur de África a finales del siglo XIX.
Desde que Honduras, en mayo de 2009, vivió el golpe de Estado y la destitución de Manuel Zelaya, hablar sobre Honduras obliga a hablar de injusticia y violencia. Conocer al pueblo de Honduras más allá de estas dos cuestiones significa adentrarse en una madeja de hilos que, entretejidos entre sí, constituyen una realidad a veces apasionante, a veces desesperante. En Bilbao nos encontramos con Denia Mejia, una activista social hondureña que trabaja desde hace varios años para el Instituto Ecuménico de Servicios a la Comunidad (INESCO), una organización de servicios comunitarios cuyo trabajo se basa en defender la vida.
En junio 2012, el proceso democrático que inauguró la alternancia política en Paraguay luego de 61 años y que había legitimado la voluntad popular por primera vez de forma pacífica sufre el quiebre del Estado de derecho por decisión casi unánime del poder legislativo en un procedimiento de juicio político exprés al presidente Fernando Lugo. La legitimidad del mismo es motivo aún de debate, pero lo cierto es que a la administración Lugo, que ocupaba el cargo desde agosto de 2008, sólo le faltaban diez meses de gobierno hasta las elecciones de abril de 2013.