Angola: El heavy metal que sana
Después de escuchar un buen rato a Beatrice llegas a pensar que efectivamente la muerte puede ser uno de los estados más placenteros. Soltera. Violada desde que tenía quince años. Tres hijos y una hija. Preciosos. Pero desconcertados a las 8 de la mañana en la frontera sudafricana con Lesotho. Sin desayunar. Mendigan en el día a día entre vendedores, turistas y la suerte de la propina. “Debe ser realmente agradable disfrutar de esa tranquilidad. Debe ser tan maravilloso ser tan privilegiado…” Delante se detiene una furgoneta desde la que emana heavy metal. No le desagrada. Me mira, sonríe y baila un código sonoro que, en otras condiciones, provocaría espasmos, rabia y furia. Pero no a ella. Beatrice lo ha descodificado. La música le habla de algo que conoce bien: la fractura social en la que le ha tocado vivir.