A tan solo tres días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, Brasil contabiliza los casos de violencia política. La Agencia Pública, que realizó un seguimiento durante diez días, entre el 30 de septiembre y el 10 de octubre, reveló por lo menos 70 ataques. La amplia mayoría fue perpetrada por seguidores del líder en las encuestas, el ex-capitán del ejército de extrema derecha Jair Bolsonaro, que tiene un torturador condenado de la dictadura como principal referencia política e intelectual.
Cuando fue admitido para estudiar física en la Universidad de São Paulo (USP), José Alves escuchó una pregunta incómoda de su madre: ¿cómo iba a pagar el transporte para ir y volver de allí todos los días?
Brasil vive días turbulentos. Ánimos a flor de piel, tensión palpable. Mucha incertidumbre acerca de lo que está por venir. Las informaciones nuevas cada momento cumplen el ambiguo papel de esclarecer pero a la vez sumar nuevos puñados de dudas, cada vez más densas y profundas. Cada paso es un salto hacia la oscuridad. Lo que queda es el sabor de la certeza de un futuro oscuro para los próximos años, marcado, posiblemente, por retrocesos democráticos sin antecedentes.