En busca del reencuentro con la izquierda y el feminismo europeos e inspirada en la historia que unió a mujeres como Djamila Boupacha, Gisèle Halimi y Simone de Beauvoir, Wassyla Tamzali exclama: “Llorad, hermanas argelinas, y esta vez en la mayor de las soledades, pues a este lado del Mediterráneo, en Europa, han dejado de oíros”.
Pocas reivindicaciones han encontrado tan férreas resistencias como las relativas a los derechos sexuales y reproductivos. A diferencia de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, que han sido recogidos y reconocidos en dos convenciones de Naciones Unidas, los derechos sexuales[1] no han sido objeto de ningún tratado específico, y su reconocimiento por parte de la comunidad internacional ha sido fruto de intensas pugnas lideradas esencialmente por expresiones laicas y radicales del movimiento feminista contra el orden patriarcal transnacional y contra las jerarquías religiosas, firmemente opuestas al avance de las libertades sexuales de las mujeres.