Tras la experiencia de la Caravana a Grecia del 2016, este verano el destino de la Caravana “Abriendo Fronteras - Mugak Zabalduz” ha sido la Frontera Sur, un espacio de excepcionalidad jurídica en el que se vulneran de forma sistemática los derechos humanos y se arremete contra la dignidad de miles de personas.
Con la humanidad como estandarte y la mirada puesta hacia el mar, el pasado 18 de febrero una multitud solidaria abarrotó las calles de Barcelona en favor de los derechos de las personas refugiadas y migrantes. La manifestación, en la que participaron más de medio millón de personas, fue la más grande de Europa por los derechos de los y las migrantes y ha tenido particular relevancia por haberse realizado en una ciudad símbolo del Mediterráneo, centro geográfico de la mal llamada “crisis migratoria”. Después de haber participado a la marcha, Ada Colau ha explicado que Barcelona quiere ser “la capital de la solidaridad y de los derechos humanos”. Un mes antes, en una entrevista para el periódico italiano Corriere della Sera, la “alcaldesa rebelde” había aclarado que las personas refugiadas “son el rostro de la nueva Europa” y que son las bienvenidas en la ciudad.
Hace tres años, el 6 de febrero de 2014, quince personas murieron en la playa Tarajal de Ceuta mientras intentaban llegar a tierras europeas. Como muchas otras, estas personas atravesaron gran parte del continente africano para mejorar sus condiciones de vida y lo que recibieron, mientras luchaban por no ahogarse en el mar, fueron pelotazos de goma y más violencia.