En la última década, Colombia ha vivido un crecimiento exponencial de los proyectos mineros auspiciado por las diferentes administraciones, que han tratado de convertir el sector en el revulsivo económico del país. El anterior ejecutivo suscribió tratados de libre comercio y desarrolló una legislación permisiva para la concesión de títulos mineros buscando, junto a la implementación de políticas que conllevaban exenciones tributarias a multinacionales y una mayor flexibilidad laboral, captar la inversión extranjera.
En los últimos años se ha producido un resurgimiento de la minería escenificado en grandes proyectos de extracción a cielo abierto y en un sinfín de solicitudes de investigación. Una ley que data de 1973 y una Unión Europea con millones de euros destinados al sector son el soporte de una realidad que cada vez tiene más contestación ciudadana.
Conocí a Evelia Bahena García en agosto de 2015, cuando ella acababa de llegar a la Ciudad de México. Yo estaba investigando el caso de la defensora de derechos humanos oaxaqueña Bety Cariño y el activista finlandés Jyri Jaakkola, que en 2010 habían sido asesinados, con la intención de escribir un guion cinematográfico.
¿Qué ocurre cuando la industria “se va” de un lugar? La “reconversión”, como se ha intentado denominar a este proceso en las últimas décadas, ha tenido poco que ver en Europa con un proceso de modernización de industrias: está directamente vinculada al abandono de naves y a la creación de polígonos fantasmales, así como al empobrecimiento de la clase trabajadora y a determinados procesos de turistificación y gentrificación.
La Línea Negra es la delimitación territorial de cuatro pueblos ancestrales indígenas de la Sierra Nevada de Colombia, un territorio que resiste incansablemente a la minería y lucha por los derechos de autonomía y gobierno otorgados constitucionalmente a esta ecorregión.
La resistencia feminista a los procesos de mercantilización de los cuerpos y la vida de las mujeres es uno de los hilos conductores entre las luchas populares que llevaron a la derrota del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y el enfrentamiento a la actual contra-ofensiva neoliberal y conservadora. Desde la auto-organización, la movilización en las calles, el enfrentamiento a transnacionales poderosas en los territorios y las prácticas políticas y económicas impulsadas por las mujeres, el feminismo se vuelve cada vez más una exigencia en los procesos de lucha anti-capitalistas. Como solemos decir en América Latina, 'lucha' es un sustantivo femenino y un verbo que se conjuga en plural.