La llegada del magnate Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos ha generado movimientos de protesta y oposición desde diferentes ámbitos. Marchas ciudadanas, fundamentalmente lideradas por mujeres, han ocupado las calles desde el día siguiente a su toma de posesión. Pero la oposición al presidente republicano llega también desde el plano institucional. Alcaldes y alcaldesas de diversas ciudades norteamericanas plantan cara a las decisiones del Ejecutivo y fuerzan el bloqueo judicial a algunas de sus más controvertidas medidas. ¿Pueden ser las ciudades la cuna del contrapoder a Donald Trump?
Que la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) sea un derecho no ha impedido que el Gobierno Vasco haya recortado desde el año 2012 su cuantía, endurecido sus requisitos e incumplido sistemáticamente las leyes que regulan su acceso. Ante esta situación, ocho activistas de diferentes colectivos sociales[1] iniciaron el pasado 24 de marzo una huelga de hambre indefinida en una carpa situada en la Plaza de las Mujeres 25N de Bilbao. Para este sábado 1 de abril se ha convocado una manifestación en la ciudad en defensa de los derechos sociales que partirá a las 17:30 de Sagrado Corazón. Hablamos con Iosu Balmaseda, uno de los portavoces de las personas en huelga de hambre.
Ni un guión de ciencia ficción podría competir con el surrealismo de los hechos, en el caso brasileño: una presidenta electa con más de 54 millones de votos es retirada de su puesto por el Congreso, bajo supervisión y complicidad de la Corte Suprema, antes de cumplir la mitad de su mandato bajo el argumento -o más bien la excusa- de haber recurrido a una maniobra fiscal ampliamente utilizada por sus antecesores, detractores y hasta su vicepresidente, que se consolida ahora como presidente, aunque sea inelegible[1] por ocho años.
El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos, por lo que la irrupción de la crisis económica en la aldea global ha provocado la aparición de nuevos retos para gobiernos e instituciones sumidas en el desconcierto y en la incredulidad, retornando lenta pero inexorablemente a escenarios económicos desconocidos desde la II Guerra Mundial.
Es temprano. Los turistas aún no colapsan la céntrica plaza del Comercio. Una decena de alumnos y sus profesoras se han citado en la estatua de José I, habitual punto de encuentro, con dos exmilitares portugueses. Recordar y explicar lo que pasó hace 40 años es el objetivo de la jornada. "Los jóvenes no saben lo que es la guerra, la falta de libertad, la censura, la policía política...", justifica Aniceto Afonso, coronel de artillería jubilado.
El público puesto en pie no deja de aplaudir. Los dos actores, aún jadeantes por el esfuerzo interpretativo y la intensidad del final de obra, lanzan miradas infinitas de agradecimiento y coreografían a la perfección un elegante y simétrico arqueo de espalda en reconocimiento al respetable, que según avanzan las galas y la luz de sala gana en intensidad, se desinhibe en bravos y loas por la excelencia teatral vivida. En estas, uno de los actores hace un gesto a la platea con la palma de una mano mirando hacia abajo y el dedo índice de la otra completamente erguido percutiéndole con insistencia, pidiendo tiempo y momento para expresarse.