Son muchas las activistas que en estos momentos (da igual cuándo leas esto) están poniendo el cuerpo y arriesgando el pellejo en su lucha contra la precariedad generalizada para cimentar las bases de lo que Judith Butler denomina “un mundo sostenido y sostenible”[1], un mundo diverso donde quepan muchos mundos.
Dicen que la música es un lenguaje universal, pero cada día parece que tenemos peores músicos porque ni la música nos ayuda a entendernos. O quizá es que nos ha fallado la dirección que debía guiar a cada músico para conseguir la armonía de toda la orquesta. La realidad es que hoy el mundo suena mal. Está lleno de malas vibraciones, de disonancias, de cadencias imperfectas, de tonos menores, de inversiones,… y de ruido. Las personas estamos ensordecidas con tanto ruido y tan poca música.
En el marco del actual atolladero de Siria y Oriente Medio, existe una visión del mundo que imagina y practica una revolución estructural en la gestión del poder, en las relaciones entre las religiones, en la sociedad y, por último, en las relaciones humanas, incluyendo las que existen entre hombres y mujeres. El Confederalismo Democrático promovido por Abdullah Ocalan y Murray Bookchin hizo resurgir la cuestión kurda, pero en vez que verlo como un nuevo punto de vista político positivo para la región, fue tomado como pretexto para erradicar todas las formas de resistencia popular en Rojava (zona fronteriza Siria con Turquía) y Bakur (Kurdistán del Norte, en territorio turco).
Activista en diferentes organizaciones y movimientos sociales, promotor de Procés Constituent, doctor en Economía, defensor del decrecimiento y denunciante incansable de los intereses ocultos tras los conflictos bélicos, Arcadi Oliveres nos habla con fortaleza y desde un conocimiento inmenso, pero con la humildad propia de quien sabe que nunca se deja de aprender. Conversamos con él en Bilbao tras su intervención en las jornadas organizadas por SETEM Hego Haizea “Estrategias para un desarrollo decrecentista, incluyente y feminista”.
“El hombre no es un árbol: carece de raíces, tiene pies, camina”, explicaba Juan Goytisolo hace once años en el Fórum de las Migraciones de Barcelona. El ser humano siempre se ha desplazado impulsado por su instinto de vida, por la búsqueda de lugares en los que satisfacer sus necesidades, las más y las menos elementales. Porque no hay qué comer, porque no hay empleo, porque no hay posibilidades de mejorar… Porque hay guerra (y por tanto, todo lo anterior y mucho más), porque no hay futuro. Hablamos de personas refugiadas, de migrantes, de la gestión de la “crisis de los refugiados sirios” por parte de las instituciones europeas y de las distintas posturas presentes en la ciudadanía.