El estallido de la Primavera árabe en 2010-2011 será recordado como uno de los periodos clave de comienzos de este siglo. A lo largo y ancho del mundo árabe se desarrollaron movimientos de protesta simultáneos que reclamaban libertad, democracia y justicia social, y que desembocaron en verdaderas revoluciones en Túnez, Libia, Egipto y Siria. El derrocamiento de dictaduras, no de una sino de varias décadas de antigüedad, mediante la movilización de decenas de millones de personas fue un acontecimiento histórico increíble que infundió esperanza a tantos y tantas que luchan por la libertad humana en todo el mundo.
Los grandes medios de comunicación disparan, cada día, una completa batería de medias verdades ymitos informativos que, por repetición, han conseguido grabar en la opinión pública internacional una imagen de Cuba sesgada y estereotipada. El único país de América Latina sin desnutrición infantil severa (según UNICEF) es un ejemplo de “fracaso económico”. De la nación que más invierte en educación del mundo (según datos de la UNESCO y el Banco Mundial) apenas conocemos su literatura o sus intelectuales, pero sí a iletrados convertidos en “disidentes políticos”. Acerca de una isla que ha conseguido (sin una ley de cuotas) la paridad entre hombres y mujeres en su Parlamento nacional, nos llega una imagen estereotipada y degradante de sus mujeres, creada por la misma prensa que en Europa (curiosamente) vive del lucrativo negocio de la publicidad de la explotación sexual.
En la actual crisis ecológica, social y de cuidados, el papel de los movimientos sociales es fundamental en el despliegue de estrategias de resistencia ante los impactos y en el señalamiento de responsables, como también son un agente clave en la configuración y puesta en práctica de paradigmas alternativos a la globalización capitalista. Algunos de estos paradigmas, como el decrecimiento y el ecofeminismo, albergan líneas de acción que abren espacios fuera del dominio de las empresas transnacionales. En este ámbito se encuentran la soberanía alimentaria, la lucha feminista y la economía social y solidaria.
El miércoles 5 de agosto comenzaron las obras de excavación en La Escombrera, en la Comuna 13 de Medellín (Colombia), en la que algunas personas definen como “la fosa común urbana más grande del mundo”. Quedé con compañeros y compañeras de la Corporación Jurídica Libertad y con la hermana Rosa, infatigables acompañantes de las víctimas de la Comuna 13, en el convento de la Madre Laura. Poco a poco fueron llegando algunas de las ‘Mujeres caminado por la verdad’, un grupo de unas 180 mujeres, familiares de las personas desaparecidas. Sin su tenacidad y determinación nunca se habría llegado al punto en el que nos encontramos ahora.
La epidemia de ébola no es sólo una crisis de salud pública sino una crisis de seguridad económica y alimentaria aún más alarmante. Los efectos se harán sentir, lamentablemente, durante mucho tiempo después. Repasamos la situación del campo un año después del brote centrándonos en Sierra Leona.
En mayo de 2014, feministas de organizaciones vascas nos juntamos en San Salvador con organizaciones latinoamericanas en el encuentro 'Juntas para una Lucha Feminista Global[1]', que pretendía dar continuidad al 'Tribunal Internacional de Derechos Humanos de las Mujeres, Euskal Herria 2013 - Viena +20[2]'.