Las violencias machistas son múltiples y nos afectan a todas las mujeres a lo largo de nuestras vidas. El feminicidio es la forma más extrema del continuum de las violencias machistas y es seguramente su expresión más visible, pero a veces el foco que ponen los medios de comunicación o las instituciones en esta cuestión en concreto hace que perdamos una visión más global y compleja de la violencia contra las mujeres. Aunque no nos gustaría contribuir desde Mugarik Gabe a esa pérdida de perspectiva, creemos que es necesario detenernos en los feminicidios, precisamente porque a pesar de su carácter extremo no se están tomando las medidas adecuadas para su prevención. La sociedad y las instituciones parecen aceptarlos, como si se tratara de un desastre natural ante el cual poco se puede hacer.
El neoliberalismo económico ha colocado a las mujeres, adolescentes y niñas migrantes y refugiadas en nichos laborales específicos vinculados a su cuerpo, sobre todo a la industria de los cuidados y al mercado sexual.
A la complicidad de las instituciones, que deberían ofrecer la debida diligencia ante la violencia machista en todas sus manifestaciones, se añade otro factor determinante: la tolerancia o naturalización social de la violencia contra las mujeres que perpetúa relaciones (íntimas o no) de control y dominación, sosteniendo un sistema patriarcal que funciona como paraguas y caldo de cultivo de la violencia feminicida.
Fruto de las decisiones de mujeres indígenas víctimas de violencia sexual por buscar justicia, en septiembre de 2011, la Alianza Rompiendo el Silencio y la Impunidad (integrada por el Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial, ECAP, Mujeres Transformando el Mundo MTM y la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas UNAMG), presentó una querella penal por varios hechos de violencia cometidos contra mujeres de Sepur Zarco, sus familias y comunidades. Sepur Zarco es una comunidad del Estor, Izabal, en el nororiente del país, donde en los años más intensos del conflicto armado (1982 y 1983) se asentó un destacamento militar.
Son ya muchos los años que las mujeres llevan trabajando, a través del movimiento feminista y de otros movimientos que sufren otros tipos de discriminaciones (como el LGTBIQ+, por ejemplo[1]), en la transformación de los modelos que la sociedad sexista impone. Siempre con un mismo objetivo: la creación de una sociedad justa, equitativa, democrática e igualitaria.