Como era de esperar, ni asomo de una “refundación del capitalismo” o un nuevo Bretton Woods. Es evidente que las condiciones y la trama de intereses son ahora mucho más complejas que hace seis décadas, tras el final de la II Guerra Mundial. Aunque sí parece existir una similitud: el pulso de la negociación lo vuelven a ganar la posición de los Estados Unidos, los intereses de las empresas transnacionales (ETN) y los dogmas del crecimiento económico y el libre mercado, impulsados y defendidos por los organismos internacionales: Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM) y Organización Mundial del Comercio (OMC).
En una declaración conjunta plagada de eufemismos y buenas intenciones, “los intocables” vuelven a hacerse presentes: los organismos internacionales, el crecimiento económico y la “libertad” de mercado no han sido siquiera puestos en litigio en la declaración final de la Cumbre. Ni como origen del problema, ni como principio de su solución: sino que han sido tratados más bien como elementos inamovibles e incuestionables del sistema económico y financiero mundial. En primer lugar, se alerta sobre la amenaza que supone el proteccionismo y la intervención pública, siempre y cuándo éstos no “protejan” e “intervengan” en favor de los intereses económicos transnacionales. Por su parte, las intenciones de futuras “reformas” de los organismos internacionales se diluirán en grupos y comisiones de trabajo. Por otro lado, el director general de la OMC, Pascal Lami, agradeció al G-20 a través de un comunicado el “impulso” dado a las conversaciones de la ronda de Doha que promueve profundizar la liberalización comercial. Finalmente, aumentar los niveles de “control”, “transparencia” y “vigilancia” de los mercados financieros internacionales son cuestiones difícilmente asumibles individualmente en la práctica desde las políticas económicas nacionales.
Otra de las intervenciones estelares fue la del secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, quien alertó sobre que “la crisis financiera puede llegar a convertirse en una crisis humanitaria si no actuamos”. ¿”Convertirse en una crisis humanitaria”? Deberíamos conocer con exactitud cuál es, según el criterio de la ONU, el umbral a partir del cual una crisis deja de ser financiera para convertirse en humanitaria, cuando casi la mitad del planeta ya tenía amenazada su subsistencia mientras las bolsas subían a máximos históricos, el PIB del Norte económico crecía de forma imparable y las ETN seguían aumentando sus beneficios.
Los representantes de los 22 países asistentes se comprometieron a “mejorar su cooperación y trabajar juntos para restaurar el crecimiento global y alcanzar las reformas necesarias de los sistemas financieros mundiales”. Así, el “compromiso para la reforma de los mercados” reafirma a los pilares del sistema globalizado, el libre mercado, los organismos internacionales y el crecimiento económico infinito como “los intocables”. Un cambio de formas para que no cambie la esencia de un sistema que pretende seguir siendo lineal en un universo finito. Como muestra más clara de ello, el presidente estadounidense en funciones ha declarado al finalizar la Cumbre que ésta “ha sido un éxito”.
Mirar para otra parte, declarar buenas intenciones, planificar reformas en aspectos secundarios y reafirmar el fondo del statu quo global ha sido parte de la cosmética utilizada para “enviar una señal a los mercados” y reactivar el crecimiento económico. Los protagonistas de la película de la globalización económica se muestran dispuestos en este caso a utilizar palabras amables para calmar la incertidumbre de los mercados. Aunque, al igual que
dijera Al Capone en Los Intocables de Eliot Ness, éstos bien saben que en última instancia”se llega más lejos con una palabra amable y una pistola, que sólo con una palabra amable”.
Rodrigo Fernández Miranda forma parte del Colectivo ConsumeHastaMorir: www.consumehastamorir.com.
Artículo publicado en el número 35 de la Revista Pueblos, diciembre de 2008.

