Organizada por el ICAIC, la actividad en la Muestra es eléctrica. Proyecciones, talleres, clases maestras…cruzan sus horarios desde la mañana hasta la noche y en las plantas del Instituto y sus instalaciones los jóvenes se lanzan a compartir comentarios y opiniones sobre aquello a lo que asisten con los cinco sentidos abiertos de par en par. El evento se hace acogedor, accesible, mostrando una gran proyección entre los jóvenes y su hambre por crecer.
Por intereses de muy diversa naturaleza asistí intrigado a la proyección de trabajos altamente críticos con la realidad económica y política en la isla así como a las reacciones, en algunos casos muy encendidas, del joven público que llenaba las salas de cine. Un porcentaje muy superior a la mitad de los trabajos trataban temas relacionados con estos aspectos de la cotidianidad cubana y en bastantes casos con una confrontación directa al sistema, las instituciones y el poder en Cuba. Entre muchos otros, trabajos como Revolution de Mayckell Pedrero, uno de los grandes vencedores de la Muestra, documental sobre el crítico grupo de hip-hop Los Aldeanos; Que me pongan en la lista de Pedro Luis Rodríguez, sobre la ineficiencia de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y su falta de vínculo con las jóvenes generaciones; o El Dictado de Yolyanko William, sobre el dogmatismo político a través del sistema educativo; mostraban un enfrentamiento generacional significativo y destacable. Muchos trabajos trataban también el tema del exilio y la desmembración familiar, como la magnífica Jorge y Elena de C.M. Quintela.
La mayoría de estos creadores que se presentan en la Muestra no superan la treintena ni tan siquiera el cuarto de siglo de edad. Esto evidentemente significa que en casi todos los casos han despertado y desarrollado su conciencia bajo lo que se denominó el periodo especial que sucedió a la caída del bloque soviético, con las dificultades que ello trajo a la economía cubana. También es destacable que, por las conversaciones y la asistencia a los debates que se organizaron, la impresión que uno concluye es que el nivel cultural de estos jóvenes es por lo general muy alto, lo que siempre favorece (en un principio) el desarrollo de un pensamiento crítico y autónomo. Imagina uno que la combinación de estas situaciones, más muchas otras que no entraré a valorar aquí, hacen más que sensato que las preocupaciones temáticas de estos autores tengan una deriva tan definida como la que indicaba arriba.
Así como las virtudes de la educación o la salud en Cuba son logros destacables que sólo los más enrocados se atreven a cuestionar, la escasez es un problema evidente al que el cubano se enfrenta en su vida diaria y que afecta a todos los niveles de esta cotidianidad. Las causas de esta situación son de sobra conocidas por aquellos que las quieren conocer, a pesar de la hipocresía con la que amanecemos en Occidente cada vez que hablan sobre Cuba los traficantes de opinión y otros pregoneros de la información global. Sin embargo, es obvio que cuando una generación tiene la formación para desarrollar su capacidad crítica en este grado, pero echa en falta los recursos materiales para poder poner en práctica esas ambiciones, se crea un desajuste entre el sistema y ese grupo social del que es difícil sacar conclusiones acerca de sus consecuencias y es inevitable que las contradicciones surjan y se canalicen en direcciones incontrolables.
Sin con esto querer sacar conclusiones demasiado elaboradas sobre lo que allí vi ni mucho menos exponer absolutos que apesten a orgulloso eurocentrismo, intuyo que fui testigo de algo cuando menos parecido a esto. Se trata de una generación que ha vivido bajo los signos del periodo especial y que evidentemente añora una mejoría que encajase con las ambiciones que su formación cultural y crítica reclama.
En paralelo, como si de un montaje pretencioso se tratase, durante los días de mi estancia en La Habana supe de la polémica que en España se daba a partir de las palabras del actor Willy Toledo entorno a la muerte de Orlando Zapata. La polémica, más creada que real, ya que los datos confirmaban que lo que Toledo expresó era una realidad contrastable a pesar de los errores de la administración cubana, sirvió de contrapunto para otra de las contradicciones que ante mis ojos era la más natural.
Parece ser que el hecho de decidir proyectar la mencionada Revolution trajo problemas a la organización de la Muestra con algunas autoridades, lo que encendió aún más los ánimos de un público ya de por sí entregado a la película y seguramente favoreció la publicidad del documental, que acabó alzándose con múltiples premios. Las salas se llenaron y el ambiente era eléctrico durante las proyecciones. Como ya he comentado, no era ni el único trabajo crítico ni tampoco una excepción en el programa del festival, aunque posiblemente su lenguaje fuese más directo que el de muchos otros. El ICAIC, como institución pública y estatal, se ha caracterizado históricamente por su perfil revolucionario con una visión crítica y abierta internacionalmente sobre todo hacia Latino América y otras regiones del Tercer Mundo. En algunas etapas el enfrentamiento con estructuras del poder cubano han amenazado su continuidad y existencia, como en la crisis que se dio en 1991, pero la situación se ha reconducido favorablemente en todas las circunstancias, lo que ha llevado al prestigio de la institución dentro y fuera de la isla. No en vano es una de las primeras que instauró la Revolución, incluso antes que algunos de los ministerios revolucionarios.
El hecho de que una institución de estas características, que sigue siendo pública y estatal, organice una Muestra con este perfil y con un programa social y políticamente tan definido, es un acto saludable y valiente que también debería hacer reflexionar a muchos de esos expertos que abundan en Occidente sobre Cuba y los cubanos y que tantas lecciones y recetas tienen que enseñar en cada tertulia o artículo.
Como he indicado, efectivamente parece que hubo encendidas polémicas y obstáculos vergonzantes para lograrlo (no distintos a los que yo he vivido en algunos casos en España en actos que en algunos casos se han censurado a última hora), pero las películas se proyectaron, el público las pudo ver y también se pudo levantar para gritar, reír y expresarse abiertamente. Las contradicciones dentro de la isla son nítidas y palpables, están a la orden del día; esas pertenecen a los cubanos y a ellos pertenece cómo y cuándo resolverlas. Ahora bien, como miembro de otro tipo de sociedad con sus propias contradicciones y con escasos episodios históricos que sirvan de ejemplos morales para el resto del mundo, sería también saludable admitir sin necesidad de caer en dogma alguno lo significativo de estos hechos, sobre todo cuando sobre Cuba asistimos al incesante bombardeo mediático que martillea a ese ente informe que algunos llaman opinión pública y que a veces resulta ser lo más alejado de cualquier sentido crítico razonable.
Fidel Castro en su discurso “Palabras a los intelectuales” se dirigió a éstos para indicarles la famosa cita “dentro de la Revolución, todo; contra ella, nada” después de tres sesiones de reuniones en junio de 1961. Desconozco qué sentido le encontrarían los jóvenes cineastas cubanos a estas palabras casi cincuenta años después, aunque imagino que seguramente no sea algo sobre lo que se detendrían mucho a valorar o al menos no con la significación de aquellos días, recién superado el episodio de Playa Girón. Desde fuera, interesadamente, e intentando reflexionar sobra las contradicciones de estos hechos que he intentado esbozar y cómo se proyectaron sobre mi conciencia, me parece que la frase de Fidel sirve como un guante para enmarcar lo que ocurrió en la Novena Muestra de Nuevos Realizadores, entendiendo estas palabras como la defensa también de la crítica que se hace con carácter constructivo hacia aquellos errores de la Revolución. Y desde luego aplaudo que iniciativas como la de la Muestra sean una realidad en el espacio cultural y crítico de Cuba y que sus jóvenes dispongan de este espacio para hacerlo suyo.
Alejandro Pedregal es director del Festival de Cine y Arte Media Lens Politica y colaborador de Pueblos. Más información en www.lenspolitica.net
Este artículo ha sido publicado en el nº 42 de la revista Pueblos, junio del 2010

