El número más antiguo que conservamos de Pueblos es de mayo de 1998, aunque la revista comenzó su andadura tres años antes. Sumergirse en una hemeroteca con las fechas bien presentes es siempre exponerse a un revoltijo de emociones, entre imágenes, datos, declaraciones, líneas estéticas que vienen y van, augurios errados vergonzantes y profecías cumplidas que nos llevan a repetir en cadena “ya lo decía yo”. Echando un vistazo a este primer número del archivo, que tiene algo más de veinte años, sentimos un escalofrío desde la primera línea: “Contra la militarización de las conciencias”, “Carrera de armamentos…”, “Los inmigrantes como víctimas de la globalización”, “El Frente Sandinista ante su Congreso”, “Irak: crisis permanente”, “Aportaciones a una reflexión sobre los movimientos sociales”.
San Agustín se conoce como la parroquia musical de Caracas. Con raíces afrodescendientes venidas sobre todo de la selvas mirandinas de Barlovento, de su tradición nacieron hitos de la música venezolana como el Grupo Madera. No hay esquina, escalera, calle o rincón de sus barrios en los que no se oiga la salsa, el tambor. Agrupaciones culturales, escuelas de música, danza y teatro, dan cuenta hoy de una poderosa historia de resistencia que data de sus mismos orígenes, cuando sus primeros pobladores ocuparon esas tierras, levantaron sus viviendas contra viento y marea, sin apoyo de nadie, contra el poder, y se organizaron luego para resistir desalojos, salir victoriosos de esas luchas y mantenerse de pie durante décadas de abandono, pobreza, represión y opresión del capitalismo dependiente.
Vastas y verdes sabanas, anchos y caudalosos ríos, tupidas selvas, mucho calor, humedad. En un territorio de 114 mil hectáreas donde viven 1800 familias, agrupadas en pequeños poblados, caseríos y asentamientos campesinos desperdigados en la llanura, tiene lugar una historia de resistencia, constancia, audacia y tenacidad: una sólida experiencia de autogobierno popular llamada Ciudad Comunal “Simón Bolívar”, que agrupa treinta y ocho consejos comunales organizados en nueve comunas. Más de veinte años de lucha y esfuerzo organizativo están detrás de esta experiencia. Y mucho sacrificio: hubo persecución, cárcel, sicariato. Y hubo también, ya en tiempos de la revolución bolivariana, confrontación contra la burocracia y el reformismo.
La subvaloración de la fuerza de trabajo oculta en el término ‘ama de casa’ esconde jornadas de más de doce horas diarias para las mujeres campesinas venezolanas: cuidado y crianza, atención del conuco[1], cría de animales, recolección y preparación de alimentos. La posesión y uso de la tierra es un elemento central para la autonomía económica de las campesinas, de ahí que estén presentes en los procesos históricos de lucha, resistiendo en primera fila la mercantilización de la agricultura y la consecuente expulsión del pueblo campesino de sus territorios.
Los medios de comunicación alternativa, las sinergias entre ellos, sus formas de financiación y el feminismo se plantean como un desafío en el Estado español y en varios países latinoamericanos en los que la prensa hegemónica concentra la voz de las corporaciones y los gobiernos, invisibilizando vivencias, luchas, problemáticas y experiencias de los pueblos. La Semana de la Comunicación Alternativa, que se desarrolló del 23 al 29 de octubre en el País Vasco, ha abordado estas cuestiones desde diversos talleres e intercambio de experiencias de compañeros y compañeras provenientes de Venezuela, Colombia, México, El Salvador y Argentina, y del Estado español, de Euskal Herria, Madrid y Extremadura.
Testuinguru berria. Azken boladan, Latinoamerikako hainbat gobernu aurrerakoi eta, batez ere, herri klaseak pairatzen ari dira bertako eskuinaren altxamendu erreakzionarioa, intentsitate ezberdinekoa lekuaren arabera. Hori posiblea izan da zenbait aldagai uztartu baitira testuinguru berri bat sorrarazteko.